domingo, 30 de marzo de 2014

Panait Istrati: el Dostoievski rumano

Panait Istrati
Panait Istrati (1884-1935) es autor aún poco conocido para los lectores de habla hispana. Las escasas traducciones de su obra al español, a pesar de haber alcanzado el premio Nobel, suponen un filón editorial aún por explotar y, a la vez, un incomprensible vacío literario al que desde Quálea han querido y sabido comenzar a poner fin. La vida de este autor nacido en Bucarest, que escribió sus libros fundamentalmente en francés y en rumano, no fue fácil: la humilde condición de su familia le permitió experimentar de primera mano las penurias de los trabajadores, e incluso, como apuntan desde Quálea, “el sufrimiento y la miseria, lo que le hace tomar muy pronto conciencia humana y política en favor de las clases más desfavorecidas”.
Como nos informa muy atinadamente Pepe Gutiérrez-Álvarez, “la mejor novela de Panait Istrati fue sin duda su propia vida, que, por otro lado, fue la fuente casi exclusiva de su obra iniciada cuando había cumplido los cuarenta años y concluida trágicamente apenas diez años después. Hijo de un contrabandista griego y de una campesina rumana que se ganaba la vida haciendo de lavandera, Panait conoció el dolor y la miseria desde su más tierna infancia. Aunque quería enormemente a su madre, la abandonó cuando cumplió los doce años y se lanzó a recorrer el ancho mundo”.
Esta misma circunstancia, que lanza de manera taxativa al joven Istrati a la aventura de la existencia, adquiere gran relevancia en el desarrollo de la novela que, en magnífica traducción de Marta Cerezales Laforet, acaba de publicar Quálea Editorial: Los cardos del Baragán, un relato que sin temor a equivocarnos podríamos adscribir a la tradición alemana de la Bildungsroman o novela de formación. Sin embargo, lejos de los remilgos literarios que podríamos encontrar en los relatos clásicos de Goethe o Lessing, la prosa de Istrati es descarnadamente directa: el adorno literario lo ofrece el propio devenir de lo que se narra, y no hay, para el autor rumano, mayor elogio de la escritura que poder cantar lo que la propia vida trae consigo, con sus alegrías y asechanzas, sus penas y sus glorias, sus luces y sus sombras.
Nada hay superfluo, ni mucho menos diletante, en los textos de Istrati; tampoco en Los cardos del Baragán, novela en la que asistimos al -en ocasiones desafortunado, pero siempre, da la impresión, necesario- periplo vital de un chiquillo en cuyo desarrollo encontramos el núcleo gordiano de las enseñanzas literarias y vivenciales de Panait: la existencia posee una gramática cuyas leyes, a veces, debemos inventar para acogernos a las incomprensibles exigencias del inexorable Destino. En una de las innumerables y sustanciosas reflexiones del joven protagonista de la obra, Mataké, comprobamos cómo chocan de bruces esta ananké griega, esta necesidad que parece inherente a la vida, con una firme voluntad de modificar lo inmodificable:
Confieso que yo no tenía sueños de grandeza. Soñaba, eso es todo. Me rebelaba contra todo ese pescado maloliente, contra esa apatía de los pantanos cenagosos y contras mis propios padres que, por lo que veía, parecían querer dejarme en herencia su miserable destino. No conocía ninguno más triste, incluido el de los vendedores ambulantes de petróleo, cuyo pan estaba impregnado con el olor de su mercancía; pero al menos comían pan a diario, mientras que nosotros sólo lo probábamos uno de cada cuatro domingos.
Esta novela, de imprescindible lectura para quien desee conocer la odisea que la literatura centroeuropea afronta a caballo entre los siglos XIX y XX, se halla plagada de metáforas de honda repercusión por lo que al sentido de nuestra existencia se refiere. La más contundente, de largo, es aquella que asimila la región que da título a la obra, el Baragán, con la vida humana. Las primeras páginas del volumen -que, me atrevo a decir, encierran una calidad descriptiva comparable a la de todo un Dostoievski o un Galdós- presentan un escenario inhóspito, siempre acechado por un huracanado céfiro que trae consigo esos cardos que tan bien pueden identificarse con las cuitas y desavenencias a las que cualquier ser humano ha de hacer frente a lo largo de su vida. Aunque cabe otra analogía, más interesante si cabe: puede que tales cardos, repletos de espinas, sean en la imaginación de Istrati esos hombres y mujeres que, contra viento y marea, intentar resistir las acometidas del malhadado Destino, de aquel aire despiadado -aunque siempre habrá quien sucumba…-. Así, leemos:
Al igual que el pastor, se tambalean; el moscovita sopla con furia redoblada sobre su masa compacta, y mientras tanto el Baragán escucha, el cielo plomizo aplasta la tierra, y los pájaros, desorientados, levantan el vuelo. Y así durante una semana… El viento sopla… Los cardos resisten, doblándose en todas las direcciones, con la bola unida a un corto tallo, no más grueso que el dedo meñique. [...] El pequeño tallo se rompe de golpe, cortado de raíz. Las bolas espinosas  se echan a rodar, son miles y miles. Es el gran éxodo de los cardos: “Sabe Dios de dónde vienen o adónde van”, dicen los viejos mirando por la ventana. No se van todos a la vez. Los hay que salen corriendo al primer soplo furioso, verdadera avalancha de ovejas grises. Otros se empeñan en resistir, pero los primeros los enganchan en su cabalgata intempestiva y los arrastran.
Al joven Mataké -trasunto literario de Istrati- le hubiera “¡… gustado hablar con alguien que me contase locuras, que me mintiese, pero que me permitiese soñar un poco, atreverme! Y los cardos no eran más que sueño y audacia, invitación a cambiar lo que tenemos contra lo que podríamos tener, aunque fuese lo peor, puesto que no hay nada peor que el estancamiento para los que aman la tierra entera”. Declaraciones que sin tapujos nos acercan a las vicisitudes históricas y sociales que por aquel entonces, primer tercio del siglo XX, vive la Europa más oriental, tan marcada por el final de la Rusia zarista, las revoluciones sociales y los fatales conflictos armados de 1918 y 1939 (aunque Istrati no llegara a presenciar la Segunda Guerra Mundial, desde luego, habría barruntado su posibilidad). Frente a la actitud de su padre, en ocasiones extenuante por pesimista y conservadora (“¡Olvidemos los malos ratos, hijo mío!… Hemos venido al mundo para expiar: eso es la vida… ¡Pero el Señor nos compensará…!”), Malaké lucha interior y exteriormente por alcanzar siquiera el pensamiento de un mundo mejor. Un desconocido revolucionario, que hará fulgurante y elocuente aparición en los trazos postreros de la novela, habla de esta manera -en un fragmento que bien podríamos asimilar al pensamiento de Istrati-:
—Soy de Bucarest -les dijo-, y trabajo con las manos como vosotros, pero he aprendido a conocer a mis enemigos, que no son ni Dios ni sus rayos. Son los amos de los pueblos y de las ciudades los que nos reducen a la miseria, incluso en los años de abundancia. Para nosotros nunca los hay.
Y es que, para el protagonista de Los cardos del Baragán, la posición paterna abriga en su seno la amenaza del peor de los males posibles: acostumbrar a nuestro ánimo a los golpes providenciales, a las embestidas del Destino, que de habituales, se convierten en soportables. Una perspectiva que Malaké se niega a aceptar:
Porque nunca, desde los tiempos legendarios de la barbarie turca, mi país, dulce y laborioso, había conocido días tan atroces como los que os relato en esta historia; nunca mi apacible nación había sufrido tan cruelmente. Pero, ¿qué sabíamos de ello, nosotros, los niños? Excepto la ingrata existencia de todos los que nacen en una choza, excepto las privaciones constantes que liman, que modifican al ser humano pero que, a fuerza de ser habituales, ya no indignan a nadie, ¿qué sabíamos del gemido universal que se escapaba de millones de pechos campesinos de una punta a otra de Rumanía?
Los cardos del BaragánLo cierto es que Malaké sabe demasiado. Y cree, tal es su pecado, fervientemente en la libertad del ser humano, capaz de lo mejor y lo peor. Por eso hay a quien sólo le “quedaba el alcohol, el gran consolador autorizado por Dios y por la ley. Sólo el alcohol podía satisfacer a todo el mundo”… a fuerza de ejercer un insalubre olvido.
En definitiva, Los cardos del Baragán expone con lúcida capacidad literaria los terribles desdenes con los que el Hado pone a prueba la soportabilidad de la existencia, que Istrati narra a ojos de un pujante joven que, a pesar de haber presenciado lo más desagradable de la vida y cuyo corazón va llenándose de una amargura que “a veces se desborda y hace llorar”, lucha de forma denodada por enseñorearse frente a la implacable mano de la Providencia. Una novela amarga y dolorosa en su desarrollo, pero abrumadoramente esperanzadora en sus conclusiones. Un hito literario del siglo XX aún desconocido, que todo lector mínimamente exigente debería disfrutar y conocer.
 

jueves, 27 de marzo de 2014

¿Por qué el pollo cruzó la carretera?

PROFESOR DE PRIMARIA: Porque quería llegar al otro lado.

PROFESOR DE SECUNDARIA: Aunque se los explique, queridas bestias, no podrán entenderlo.

PROFESOR DE FACULTAD: Para saber por qué el pollo cruzó la carretera (tema que se incluirá en el parcial de mañana), lean los apuntes de la página 2 a la 3050.

BUDA: Preguntar eso niega tu propia naturaleza de pollo.

SÓCRATES: ¿Sabes qué es un pollo?

PLATÓN: Porque buscaba salir de la caverna.

ARISTÓTELES: Está en la naturaleza de los pollos cruzar la carretera.

HIPÓCRATES: Debido a un exceso de humores en sus páncreas.

SANTO TOMÁS: Para descubrir la esencia y existencia de la carretera.

MAQUIAVELO: La cuestión es que el pollo cruzó la carretera, ¿a quién le importa por qué? El fin de cruzar la carretera justifica cualquier medio.

DESCARTES: El pollo cruzó la carretera y luego existió.

SHAKESPEARE: Para ser.

HUME: Buscaba una experiencia sensible.

KANT: Porque quería descubrir más allá del fenómeno "neumo" de la carretera.

QUESNAY: Porque buscaba más tierra.

ALBERT CAMUS: Porque se resignó a cargar con su propia y trágica existencia.

HUSSERL: Fenomenológicamente, el pollo debe descubrir el camino.

NIETZSCHE: El pollo ha muerto... ¡Viva la carretera!

HEGEL: Hay una relación dialéctica entre el pollo y la carretera.

ENGELS: ¿Por qué no cruzó el pollo la carretera?

MARX: Era una inevitabilidad histórica.

DARWIN: A lo largo de grandes períodos de tiempo los pollos han sido seleccionados naturalmente de modo que ahora tienen una disposición genética a cruzar carreteras.

ALBERT EINSTEIN: Si el pollo ha cruzado la carretera o la carretera se ha movido debajo del pollo depende de tu marco de referencia.

ANTONIO GRAMSCI: Para hacer la revolución cultural de la carretera.

SIGMUND FREUD: El hecho de que estés preocupado porque el pollo cruza la carretera revela tu inseguridad sexual.

STEPHEN HAWKING: Debido a la atracción provocada por un puente Einstein-Rossen entre IO y Andrómeda, que produjo la consecuencte convergencia de antimateria y fluctuaciones electrocuánticas en el patrón (Y - β) de la longitud de onda en la coordenada de la carretera.

HEINRICH RICKERT: Para hacer la hermenéutica de la carretera.

HEMINGWAY: Para morir. Bajo la lluvia.

BORGES: Porque salió del laberinto y no quiso meterse en las ruinas circulares.

HEIDEGGER: Porque está-en-el-mundo y hubo una referencia significativa con la carretera... Se le interponía en su camino.

JEAN PAUL SARTRE: Porque era libre.

LYOTARD: Porque la carretera es muy posmoderna.

MICHEL FOUCAULT: Para descubrir cuál es la estructura del poder de la carretera.

PAULO COELHO: El universo entero conspiró para que el pollo cruzara la carretera.

H.P LOVECRAFT: Y el impío pollo se adentró en lóbregas y cavernosas profundidades de la monstruosa carretera, para llegar a un sino etéreo en la abismal noche donde habitan los primordiales y los dioses de la locura.

GEORGE ORWELL: Porque en la granja no aceptan a los que caminan en dos patas.

ETA: La carretera representa a los vascos. El pollo cruzó a los vascos para pisotearlos y mantenerlos sometidos.

MARTIN LUTHER KING: Veo un mundo en el que todos los pollos serán libres de cruzar la carretera sin que sus motivos se pongan en cuestión.

FIDEL CASTRO: Los pollos solo podrán cruzar dentro de los límites de este país, y solo cruzarán si los persigue un yankee.

RONALD REAGAN: Se me ha olvidado.

BILL CLINTON: El pollo no cruzó la carretera. Repito: el pollo no cruzó la carretera.

SADDAM HUSSEIN: Fue un acto de rebelión no provocado, y el que lancemos 50 toneladas de gas nervioso estuvo plenamente justificado.

BILL GATES: Acabo de lanzar el nuevo Windows Chiken Office 2014, que no solo cruza carreteras, sino que pone huevos, archiva tus documentos importantes y encuadra tus cuentas.

GEORGE W. BUSH: The &*?@! bastard chicken crossed the road because he hates american people, and he hates us because we love freedom...But we got him... God bless U.S.

STALIN: Hay que fusilar al pollo inmediatamente, y también a los testigos de la escena y a diez personas más escogidas al azar por no haber impedido este acto subversivo.

Teoría del Caos: Debido al aleteo de una mariposa en Tokio.

REVISTA CARAS: Toda la intimidad del pollo: "Sólo necesito un amor para que mi éxito sea completo".

PEPITO SOFISMA: Todos los pollos cruzan carreteras. El pollo cruzó la carretera. Todos los pollos son carreteras.

SOPORTE TÉCNICO: "Yo desde acá no veo que haya cruzado la calle. Resetea el pollo y si sigues viendo que cruza, formatea la carretera".

YODA: Tentación del lado oscuro de la fuerza muy fuerte es. No resistirse pudo el pollo y la carretera cruzada fue.

HOMERO SIMPSON: Uhmmm... ¡¡POLLO!!

domingo, 9 de marzo de 2014

Nietzscheario

Bosch_Ecce_homo
"Lo ideal no es fabricar herramientas, sino construir bombas, porque una vez se han utilizado las bombas que se han construido nadie más se puede servir de ellas. Debo añadir, que mi sueño, mi sueño personal, no es exactamente construir bombas, porque no me gusta matar a la gente. Pero quisiera construir libros bomba, es decir, libros que fueran útiles precisamente en el mismo momento en el que alguien los escribe o los lee. Y que desaparecieran luego. Esos libros estarían hechos de tal modo que desaparecerían poco después de haber sido leídos o utilizados. Los libros deberían ser una especie de bomba y nada más. Tras la explosión, las gentes podrían recordar que esos libros produjeron hermosos fuegos artificiales. Más tarde los historiadores y demás especialistas podrían decir que ese libro o tal otro fue tan útil como una bomba y también tan hermoso como unos fuegos artificiales"
Foucault en una conversación con los estudiantes del Pormone College de Los Ángeles, en 1975.
Sentir que el pensamiento debe tomar la forma de una explosión, es algo que el mismo Nietzsche llevó a gala y dijo de sí. Todos recordamos su mítico autoretrato: “soy dinamita”. Podemos jugar a hacer filosofía, también podemos tratarla con la frialdad y la objetividad de un anatomista, olvidando aquel viejo adagio que dice que el todo es más que la suma de sus partes. Pero esa no es la apuesta nietzscheana, ya que él desea que la filosofía, ella misma acción, desemboque en acción. Puedes leer un ensayo como mero entretenimiento, incluso cualquier libro del propio Nietzsche, pero entonces no habrás entendido nada. Cada lectura debe desembocar en una explosión, en un cambio.
Entre los artefactos explosivos preparados por Nietzsche, hay uno que destaca de forma especial, y que la mayoría de sus contemporáneos no supo leer. Hablo de El Anticristo, y de cómo no se vio que el ataque que éste guarda, su acometida, iba más allá del cristianismo. Muchos de los lectores de esta obra, vieron en ella una crítica feroz contra algo que ellos mismos despreciaban, esa religión de sus padres que tantas taras había provocado, pero si bien dejaron de ser cristianos, de creer en esa fe y en esa institución, no eran capaces, aún creyendo que sí, de liberarse de la moral que la religión del Crucificado había inyectado en las venas de Occidente. Ahí es donde llega Nietzsche, donde su afilado colmillo de cazador rompe hueso. No se trataba sólo de criticar el cristianismo, eso ya se había hecho, sino de llegar a lo que aún había de cristiano en las sociedades europeas, aquella moral que regía nuestra acción y que la mayoría de los hombres veía como un fruto del sentido común, de la razón incluso, o como una conquista del progreso espiritual. En definitiva, una moral que muchos, incluso, adjetivaban de laica. Contra ellos, en especial, va dirigida la bomba que es El Anticristo.
En sus páginas, se pone en quiebra la constitución espiritual de Europa, la misma que había sido importada a tierras lejanas y había echado allí fuertes raíces. Un poner en quiebra al que no muchos estaban dispuestos y que pronto levantaron sus lanzas intelectuales contra Nietzsche. Pero esta reacción, era algo que él sabía, nada, o muy poco, se escapaba a su fino olfato, y de esta manera, en el Prólogo encontramos que nos recibe una sentencia que suena a profecía: “Este libro es para muy pocos; quizá todavía para nadie. A lo sumo, podrán leerme los que comprenden mi Zaratustra. ¿Cómo me podría confundir con a los que hoy se les hace caso? Me pertenece el pasado mañana. Hay quien nace póstumo”, y un final despiadado: “¿Qué importan los demás? Los demás no son más que humanidad. Hay que ser superior a la humanidad en fuerza, en grandeza de ánimo… y en desprecio”.
“Oídos nuevos para música nueva”, Nietzsche siempre presumió de la belleza de sus orejas y en él las imágenes relacionas con la música abundan por todas partes. La música que El Anticristo ejecuta, en lugar de acordes tiene aforismos, y en ella un mensaje vibra de manera especial, nos referimos a la apuesta nietzscheana por liberar al hombre de la idea del pecado original. Porque si Nietzsche maldice al cristianismo, lo hace porque éste lo hizo primero con todos nosotros. El hombre está marcado por una falta que nunca podrá purgar por sí mismo, que ostenta el poder y la desgracia de pasar de generación en generación. En mitad de nosotros, ellos han instalado una terrible culpa cuya expiación es imposible. Así, cuando el hombre se asoma a su interior ve una terrible mancha negra, una culpa que le señala con el dedo y que supura autodesprecio. Pero aún así, ese “charlatán de Judea” que fue Jesucristo, sin ningún pudor ordena: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Cómo hacerlo si a lo que nos han enseñado es a odiarnos, a desconfiar de nosotros mismos, a vernos sucios y expulsados del Paraíso? Porque para poder amar al prójimo, primero debemos amarnos a nosotros mismos, y no es sólo que el cristianismo a eso no nos enseña, sino más bien que recomienda lo contrario: “desconfía de ti, estás sucio, eres culpable”. ¡Menuda religión del amor!¡Magnífica broma de mal gusto! Y de esa terrible visión de nosotros mismos, ellos derivan toda su pringosa moral, una moral que “quiere dominar a animales de presa” a través de la culpa, a través de “ponerlos enfermos”.
Que Nietzsche ponga en el centro de su ataque la idea de pecado original, no es baladí, porque ella está profundamente enraizada en nosotros, en nuestra visión del hombre, y ha sido capaz de sobrevivir a la muerte de Dios y sería incluso capaz de sobrevivir a la muerte del cristianismo. Como prueba, basta ver a autores ateos que creen en lo que el mito de la caída enseña. Nietzsche lo supo ver, y por eso destina gran parte de su fuerza en liberarnos de semejante veneno, porque del pecado original nace una moral del odio: odio a nosotros mismos, odio al prójimo y odio al mundo. Frente a ella, él propone esa gaya ciencia que basa su fuerza en decir sí a la vida, un sí que no es otra cosa que una auténtica declaración de amor hacia el mundo. Y desde ese sí, trazar una moral que lejos de debilitarnos nos haga más fuertes, más ligeros y más luminosos. Frente a la virtud cristiana, la virtú renacentista.
Dicho lo dicho, nadie debería sorprenderse de la maldición que al final de su Anticristo ejecuta:
Guerra a muerte contra el vicio: el vicio es el cristianismo
ARTÍCULO PRIMERO: Viciosa es toda especie de contranaturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: él enseña la contranaturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones, se tiene la cárcel.
ARTÍCULO SEGUNDO: Toda participación en un servicio divino es un atentado contra las buenas costumbres. Se será más duro contra los protestantes que contra los católicos, más duro contra los protestantes liberales que contra los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filósofo.
ARTÍCULO TERCERO: El lugar maldito donde el cristianismo ha encobado sus huevos de basilisco será arrasado, y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En él se criarán serpientes venenosas.
ARTÍCULO CUARTO: La predicación de la castidad es una incitación pública a la contranaturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda ensuciamiento de la misma con el concepto de “impuro” es el auténtico pecado contra el espíritu santo de la vida.
ARTÍCULO QUINTO: Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga así mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala, – se le proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda especie de desierto.
ARTÍCULO SEXTO: A la historia “sagrada” se la llamará con el nombre que merece, historia maldita; las palabras “Dios”, “redentor”, “santo”, se las empleará como insultos como marcas para los criminales.
ARTÍCULO SÉPTIMO: El resto se sigue de aquí.

sábado, 8 de marzo de 2014

Yo también soy feminista

El feminismo no tiene simétrico de género porque es un movimiento humano, NO femenino, a favor de la igualdad de derechos de la mujer, basado en la idea de que cualquier forma de agravio real o simbólico a las mujeres es un agravio a la humanidad y que, a la recíproca, la liberación de las mujeres de las condiciones AÚN persistentes de desigualdad y vulnerabilidad significará para TODOS un mundo más inclusivo, justo y libre.
Tales agravios incluyen: exclusión educativa: más de dos tercios del total mundial de analfabetos son mujeres; menos del diez por ciento de la renta total mundial, menos de un sexto de la propiedad de la tierra, botín de guerra durante y después de los conflictos, más del 95 por ciento de casos fatales en situaciones de violencia familiar, acoso laboral de distinto grado en todos los países sin excepción, altísima victimización en ataques sexuales luego de desastres naturales como terremotos o tsunamis, la más alta proporción de víctimas fatales en esos mismos desastres, por estar relegadas de las destrezas de supervivencia (ej. mujeres de Indonesia que no saben nadar), señaladas como fuentes de mal y pecado por todos los fundamentalismos religiosos de oriente y occidente, menor salario por igual trabajo y un sinnúmero de vergonzosos etécteras.

Las asociaciones veloces y triviales entre el término feminismo y la militancia “antivarón” son producto de insuficiente información, estupidez o cinismo, tanto de varones como de mujeres.

La actualidad y vigencia del feminismo derivan del hecho incontrastable de que las distintas formas de misoginia – brutales o sutiles – están vigentes:

La “putificación” de las mujeres es un leit motiv de alto rating en la televisión. La mujer idiota, la mujer fetiche, la mujer ama de casa, son el target central de los mensajes publicitarios. Incluso en grupos y organizaciones de alto nivel intelectual, como asociaciones profesionales, las mujeres tienen que “elegir” entre ser bellas o inteligentes, porque la noción masculina del poder no concibe – más bien no tolera – la presencia simultánea de ambas virtudes.

El lenguaje político y organizacional, público y grupal, sigue preñado por el eje machista. Un hombre en el poder será llamado por sus opositores cabrón, hijueputa, maldito, ladrón o lo que fuere. Una mujer en el poder será llamada, por sus opositores, yegua, puta, ovárica, histérica; da igual que hablemos de un país, una empresa o un organismo internacional.

No hay oposición ni exclusión recíproca, sino total convergencia, entre el feminismo y la lucha por la inclusión, la justicia, la dignidad, la promoción y defensa de los derechos humanos, el cuidado ambiental, contra el hambre, la miseria y la humillación, contra la violencia de Estado y todas las variables de racismo, contra la trata y la prostitución infantil.

El que confunde feminismo con el antiguo daguerrotipo de una ceñuda sufragista perpetra dos imbecilidades juntas: La primera es que atrasa en su concepto y pretende que los que atrasan son los otros. La segunda es que no entiende el respeto y la admiración que merece esa valiente sufragista de hace un siglo.

Esto es cosa de hombres. Y mujeres. Machos, abstenerse.

viernes, 7 de marzo de 2014

Metafísica para comer

«B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia
B. Metafísico estáis. R. Es que no como.»
(Miguel de Cervantes, Diálogo entre Babieca y Rocinante).
—¡Y cuando nazca tu hijo, qué! ¿le vas a dar de comer metafísica?
El agudo e hiriente reproche ronda mi recuerdo, No es extraño, hace pocos minutos que terminaste la discusión, Lo sé, pero lo que intento decir es que son palabras que han sonado con mucho ímpetu en ese rincón olvidado del cuerpo donde ahora retumba su eco perenne, Nunca había tenido tanta fuerza la palabra metafísica para ti, Efectivamente, incluso si mi mujer hubiera generalizado su punzante sarcasmo y en vez de haber soltado metafísica hubiera dicho filosofía no habría tenido el efecto nocivo que se ha creado en mi espíritu, La denuncia hacia tu ignominiosa situación no sólo debería haberte hundido en absoluto mutismo, sino que incluso debería haberte apagado el pensamiento, Pero mírame charlando en silenciosa reflexión con mi persona, Lo peor es que empiezas a trabajar en tu cabecita la idea de poder vivir de metafísica, O de filosofía si nosotros sí nos atrevemos a generalizar, No es una insensatez, finalmente ya muchas veces con anterioridad te has alimentado de conceptos, aunque es cierto que nunca quedaste satisfecho, Te imaginas un banquete en el que comieras como aperitivo el «cogito ergo sum» de Descartes, para pasar a un segundo plato que incluiría la «sustancia individual» de Leibniz aderezado con la escéptica «cuestión de hecho» de Hume, y de plato fuerte, para dar gusto hasta al comensal más refinado, podrían servirse las «categorías» de Kant. Se colocarían en el centro para que todos pudieran probar un pedacito de cada una, Sería toda una cena de gala, pero ahora imagina que se trata de una comida informal que tienes que preparar con prisa para volver al trabajo diario, Pues en ese caso se podría descongelar en el microondas al primer Wittgenstein, pero como es muy picoso y hasta duro de roer, no hay que abusar de este platillo porque puede causar indigestión, Supongo que en ocasiones muy especiales como en Navidades se sacarían cosas exclusivas como la «physys» de Aristóteles o un mito de Platón, Efectivamente y así uno a uno los conceptos, tratados y filósofos irían satisfaciendo el apetito; aunque habría personas que nunca se llenarían por completo. La gula sería inevitable.
En vez de salir a los supermercados, la gente tendría que ir de compras a las bibliotecas para abastecerse, Claro, pero no se podrían comprar esta serie de alimentos por kilos, sería injusto; su precio debe valorarse de forma diferente, No entiendo, Es que hay libros filosóficos que tienen cientos de páginas de muy mal sabor, mientras que existen unos pequeños que son todo un manjar, ¡Ah! ya veo: no puede compararse la phrónesis aristotélica expuesta en breves páginas del libro sexto de Ética para Nicómaco cuyo sabor siempre es excelente, con todas las argumentaciones del utilitarismo de Bentham y Stuart Mill juntos, que sólo son agradables al paladar cuando se condimentan con los ingredientes adecuados, Lo que nunca faltaría en el hogar y se compraría mucho por sus precios asequibles, sería toda la literatura secundaria que ayudaría a salir del paso descongelándola en pocos minutos cuando se tiene que comer con prisa, Sí, pero siempre serían mejor los platillos con sus autores originales, que aunque fueran más costosos y llevase más tiempo su preparación, de hacerlo con destreza culinaria, el buen sabor de boca perduraría deleitablemente, Los precios dependerían mucho también de las temporadas, pues en invierno que es una época un tanto melancólica se pondrían de oferta los existencialistas, mientras que en temporadas de lluvia y abundancia bajarían de precio los analíticos, Desde esa perspectiva en San Valentín estaría de rebaja el diálogo sobre Eros de Platón, o El Arte de amar de Fromm y se podrían ofrecer en cenas románticas bajo la luz de las velas, Finalmente se desprendería todo un mercado competidor de productos gastronosóficos que giraría en torno a las editoriales. Así los que fueran a las bibliotecas a hacer la compra de la semana en plan ahorro máximo, comprarían, por ejemplo, las meditaciones de Descartes de Austral en vez de la de Adam y Tanery, que aunque son de calidades distintas, en cuanto a su consistencia, no se notaría diferencia, Sin olvidar que los productos importados sólo podrían entrar al mercado cuando pasasen la aprobación de calidad y traducción para evitar epidemias de desorientación o indigestiones conceptuales por parte de las personas menos preparadas.
No vendrían en paquetes o en latas, sino que sus envases serían las sólidas tapas de los libros. Y el diseño de este recipiente tampoco tendría mucho que ver con la calidad de los alimentos, aunque ciertamente los harían más o menos llamativos, Tendríamos un libro en la alacena para tomarnos un tazón del materialismo dialéctico por las mañanas, junto a otro que contendría el anarquismo de Bakunin (alimento que generalmente revolvería el estómago por haberlo embalado rápido y sin finalizar completamente su cocción), Las enciclopedias filosóficas serían una especie de cestas de navidad que incluyen muchos y preciados alimentos. A éstas siempre se podría acudir si se tiene ganas de algún buen aperitivo, O incluso de una comida ya en forma, como en la cesta de Ferrater Mora que es un regalo preciado y que contiene alimentos abundantes y de buena calidad.
Afortunadamente, como su nombre indica, la metafísica está hecha de un material que perdura; al no ser físico, palpable, no puede gastarse; es inextinguible, Tal vez ese sea el único alimento que termine con el hambre en el mundo, Sólo hay que encontrar la manera en que esos conceptos se materialicen de tal forma que la gente pueda alcanzarlos y usarlos, Y entonces sí ¡A vivir de filosofía…!
…Pero mientras que tu pensamiento se cristaliza en su burbuja de imaginación, rueda, se resbala y cae, el cristal se rompe en el duro suelo de la realidad. Lo mejor será que trabajes duro, Aunque lejano, Pero consciente de hacer lo mejor, Ganar dinero, No queda de otra, Sólo así podrás alimentar a ese niño con más manzanas, Pero no por eso, de menos metafísica, O de filosofía si nosotros sí nos atrevemos a generalizar.
 

Conciencia y libertad según Engels

CONCIENCIA Y LIBERTAD SEGÚN ENGELS
Engels (1820-1895) concibe un ser humano que es resultado o producto de la naturaleza y cuya conciencia no será más que producto de su cerebro. Desde ese punto de vista, la conciencia humana está totalmente determinada por realidades como la naturaleza y el entorno. ¿Qué espacio queda entonces a la libertad, si es que existe alguno? La libertad de comprender, viene a responder Engels. En uno de sus textos más importantes y originales, "Anti-Dühring", señala: “La libertad no consiste en una soñada independencia respecto de las leyes naturales, sino en el reconocimiento de esas leyes y en la posibilidad, así dada, de hacerlas obrar según un plan para determinados fines (...). La libertad de la voluntad no significa, pues, más que la capacidad de poder decidir con conocimiento de causa.”  Y concluye: “La libertad consiste, pues, en el dominio sobre nosotros mismos y sobre la naturaleza exterior, basado en el conocimiento de las necesidades naturales; por eso es necesariamente un producto de la evolución histórica”.Engels (1820-1895) concibe un ser humano que es resultado o producto de la naturaleza y cuya conciencia no será más que producto de su cerebro. Desde ese punto de vista, la conciencia humana está totalmente determinada por realidades como la naturaleza y el entorno. ¿Qué espacio queda entonces a la libertad, si es que existe alguno? La libertad de comprender, viene a responder Engels. En uno de sus textos más importantes y originales, "Anti-Dühring", señala: “La libertad no consiste en una soñada independencia respecto de las leyes naturales, sino en el reconocimiento de esas leyes y en la posibilidad, así dada, de hacerlas obrar según un plan para determinados fines (...). La libertad de la voluntad no significa, pues, más que la capacidad de poder decidir con conocimiento de causa.” Y concluye: “La libertad consiste, pues, en el dominio sobre nosotros mismos y sobre la naturaleza exterior, basado en el conocimiento de las necesidades naturales; por eso es necesariamente un producto de la evolución histórica”.

jueves, 6 de marzo de 2014

Memorias de Africa

“Las despedidas producen una extraña sensación, hay en ellas algo de envidia, los hombres se van para poner a prueba su valor y si algo se pone a prueba es nuestra paciencia al prescindir de ellos o tal vez por lo bien que soportamos la soledad. Pero eso lo he sabido siempre, no hacía falta una guerra. "

 https://www.youtube.com/watch?v=Rjzf_cWzlp8#t=76

Pilares fundamentales de la Sabiduría


sábado, 1 de marzo de 2014

La relación entre la ansiedad y la creatividad según Kierkegaard

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Para Kierkegaard, la ansiedad es una fuerza dual que puede ser tanto destructiva como generativa, dependiendo de cómo lidiemos con ella. En su tratado El concepto de la ansiedad, el filósofo danés explica la ansiedad como el efecto mareador de la libertad y la inmensidad de la existencia humana: una posibilidad que o te paraliza o te invita a actuar. Escribe:
La ansiedad es completamente diferente al miedo y a conceptos similares que se refieren a algo definitivo; la ansiedad es la realidad de la libertad como la posibilidad de la posibilidad.
[…]
La ansiedad puede compararse al mareo. Aquél que por casualidad se encuentre mirando hacia el ancho abismo se mareará. Pero, ¿cuál es la razón para esto? Está tanto en su propio ojo como en el abismo, porque supón que no hubiera mirado hacia abajo. Es así como la ansiedad es el mareo de la libertad, que emerge cuando el espíritu quiere proponer la síntesis y la libertad se asoma al abismo hacía su propia posibilidad, echando mano de la finitud para soportarse a sí misma. La libertad se rinde ante el mareo. En ese preciso momento todo ha cambiado, y la libertad, cuando vuelve a surgir, se encuentra con culpa. Entre estos dos momentos está el salto, que ninguna ciencia ha explicado y que ninguna ciencia puede explicar. Aquél que se vuelve culposo en la ansiedad se vuelve tan ambiguamente culposo como es posible volverse.
Quizá sin tantos conceptos figurativos podamos entender que la ansiedad de la que habla Kierkegaard es esa parálisis ante lo indefinido. Estamos educados a actuar y tomar decisiones basados en lo limitado, lo finito, lo mesurable. O al menos eso creemos. Pero cuando estamos parados frente al acaso, entonces surge el mareo. Y el mareo es la ansiedad. Pero el filósofo lleva ese concepto un paso más allá diciendo que una vez que hemos sentido ese mareo y esa parálisis ante la libertad, cuando volvemos a sentirlo ya va cargado de culpa. Y la combinación de la culpa y la ansiedad, apunta, “es el peligro de caer; en otras palabras, el suicidio”.
Sin embargo, para Kierkegaard la ansiedad también es una gran educación para los hombres, y argumenta que el fracaso o la fecundidad dependen de cómo nos orientemos en la ansiedad. “Quien esté educado [en la posibilidad] se queda con ansiedad; no se permite a sí mismo ser engañado por su falsificación incontable y recuerda claramente el pasado. Así los ataques de ansiedad, incluso si son aterradores, no lo serán tanto como para que corra de ellos. Para él, la ansiedad se vuelve un espíritu de servicio que contra su voluntad lo lleva a donde realmente desea ir”.
Así, para Kierkegaard la relación entre la creatividad y la ansiedad es muy estrecha. Es precisamente porque es posible crear (crearnos a nosotros mismos, crear nuestras innumerables actividades diarias, escoger un camino y seguirlo) que uno siente ansiedad. Nadie sentiría ansiedad si no hubiera posibilidades. Y naturalmente crear significa destruir algo previo. La culpa de la que habla Kierkegaard tiene mucho que ver con defraudarnos a nosotros mismos al paralizarnos ante las posibilidades y no atrevernos a destruir y crear.

lunes, 24 de febrero de 2014

Los diez secretos de la música, según David Byrne

Los diez secretos de la música, según David Byrne 

Se hizo famoso con el grupo Talking Heads, pero lleva ya 25 años de carrera en solitario, publicando álbumes, bandas sonoras y hasta un musical discotequero sobre Imelda Marcos (esposa del dictador filipino Ferdinand Marcos). Su último proyecto es un libro que promete mucho desde el título: Cómo funciona la música (Reservoir Books, 2014). El texto combina argumentos estéticos, sociales, tecnológicos, dosis de antropología y mucho relato autobiográfico para acercarnos a los secretos de la experiencia sonora. ¿Balance de la lectura? Se trata de un ensayo irregular, donde Byrne divaga con frecuencia y abusa del "corta y pega" a investigadores de renombre. Gran parte del texto está basado en sus recuerdos sobre una industria (la discográfica) que se ha desmoronado por completo (sus lecciones tienen más valor histórico que práctico). A pesar de todo, sus 365 páginas también albergan enfoques sustanciosos. Por ejemplo, estos diez que hemos seleccionado:

1. La música es un juego

Quizá el mayor mérito del libro sea su intención de despojar a la música del manto de solemnidad que le dan algunos analistas. "La antropóloga Ellen Dissanyake nos cuenta que muchas sociedades africanas usan la misma palabra para "arte" y "jugar". Incluso en inglés, decimos que jugamos ("play") un instrumento. Esta actitud respecto al arte y la interpretación, completamente opuesta a la idea occidental de monumentos y grandes obras, ve la cultura como algo efímero y fugaz. Como la música. Es una experiencia, no una imagen fija e inalterable. La música, vista así, es una forma de vida, una manera de estar en el mundo, no una cosa que sostienes con la mano y haces sonar con un aparato" (página 314).

2. Mejor trabajar en equipo que en plan genio solitario

"La web musical Pitchfork aseguró una vez que yo colaboraría con cualquiera por una bolsa de Doritos. No lo decían como un elogio, aunque, en realidad, no estaban muy lejos de la verdad. Contrariamente a lo que insinuaban, soy bastante quisquilloso a la hora de elegir con quién colaboro, pero también estoy dispuesto a trabajar con gente que no esperaríais. Me arriesgo a que sea un desastre porque la gratificación creativa de una colaboración exitosa es enorme. Lo he hecho toda la vida. Trabajar en equipo tiene ventajas obvias. Tus ideas más flojas pueden ser corregidas. Mi concepto original para la canción Psycho Killer era darle un sentido paradójico y tocarla como balada, pero cuando otros miembros se unieron a la banda tomó una dirección más enérgica, que tuvo éxito entre nuestro público. Hay muchas posibilidades de que tu inspiración venga de ideas exteriores a ti" (página 191).

3. La música no es una experiencia individual, sino inmersión social

"Siempre querremos que la música sea parte de nuestro tejido social. Nos dejamos arrastrar a conciertos y a bares aunque el sonido sea una birria; hacemos circular música de mano en mano (o a través de la red) como forma de moneda social; levantamos templos en los que solo 'nuestro tipo de gente' puede escuchar nuestro tipo de música (salas de ópera, clubes punk, auditorios de música clásica), y queremos saberlo todo de nuestros bardos favoritos: su vida amorosa, su ropa, sus creencias políticas. La música tiene algo que nos apremia a implicarnos en un contexto entero, más allá del pedazo de plástico que la contiene (…) La música penetra en tantas partes del cerebro que no concebimos que sea una cosa aislada. Es con quién estabas, qué edad tenías y qué ocurrió aquel día" (página 223).

4. Hoy lo extraño no es la música, sino el silencio

"La tecnología ha cambiado cómo suena la música, cómo se compone y cómo la experimentamos. También ha inundado de música el mundo. El planeta está saturado de (sobre todo) sonidos grabados. Antes teníamos que pagar por la música o debíamos hacerla nosotros mismos; tocarla, escucharla y experimentarla era excepcional, una experiencia rara y personal. Ahora escucharla es universal y el silencio es la rareza que saboreamos y por la que pagamos" (página 145).

5. No es un problema que desaparezcan los formatos

"Tras años de acumular elepés y compactos, tengo que reconocer que me estoy deshaciendo de ellos. De vez en cuando, pongo un cedé en el lector, pero casi me he convertido completamente al MP3, que escucho en mi ordenador o, glups, ¡en mi teléfono! Para mí la música se está desmaterializando, está volviendo a un estado más fiel a su naturaleza, me parece. La tecnología nos ha devuelto al principio" (página 145).

6. Los que los blancos llamamos "innovador" es alguien que va solo dos pasos por detrás de los negros

Uno de los momentos más reveladores del libro es la crónica de sus colaboraciones con Brian Eno. La crítica musical considera a ambos como artistas rompedores, pero sus mayores descubrimientos están basados en formas existentes de música negra. Un ejemplo: "Muchas canciones de James Brown, de Hamilton Bohannon y de algunos músicos de blues del Mississippi giran básicamente alrededor de un solo acorde. Conocíamos mucha de esa música y nos encantaba. Parecía que habíamos dado un gran rodeo para llegar a un lugar que, al menos en la estructura, ya tenía que resultarnos ligeramente familiar. Igual que en aquella cita de T.S Eliot sobre llegar a donde empezamos y descubrirlo por primera vez, estábamos esencialmente reintentando algo que ya conocíamos, algo que teníamos allí mismo, en nuestro propio patio trasero" (páginas 167-168).

7. Desconfía del concepto de "autenticidad"

"El musicólogo John Lomax estaba particularmente emperrado en lo que él consideraba 'autenticidad'. Leadbelly (pionero del blues) era un artista todoterreno, que gozaba tocando canciones populares, así como material más áspero y folk. Cuando Lomax se lo llevó a Nueva York para actuar en las fiestas sofisticadas de la gran ciudad le prohibió tocar los temas más populares. Quería presentar a un negro 'en bruto', un auténtico primitivo salido de la prisión, para que los neoyorquinos se quedaran boquiabiertos…y lo valoraran también. Hasta le hacia vestir con un peto en los conciertos, como si no tuviera otra cosa que ponerse. En realidad, Leadbelly prefería los trajes. (…) El espectáculo se impuso y la autenticidad fingida se convirtió en herramienta común de los presentadores" (páginas 99-100).

8. El ego del artista es un invento moderno

"El musicólogo Peter van der Merwe supone que los cantantes mesopotámicos cantaban con emotividad intensa, pero dirigida hacia el interior, un poco como los músicos asirios contemporáneos. Cantan como si escucharan a sí mismos. Es un gesto que expresa intensidad e implica comunicación con tus sentimientos, como si la canción fuera un mensaje profundamente íntimo y no una simple manifestación del ego de la persona que canta. Lo que se desprende de esto es que el cantante no es tanto un ejecutante como un medio, un vehículo. Hay una conexión bastante directa entre este tipo de canto y la vocalización del flamenco contemporáneo. Las cosas no han cambiado mucho" (páginas 327 y 328).

9. Las cooperativas son el mejor futuro para los músicos

"Lo que ahora llamamos sello discográfico podría ser reemplazado por una nueva entidad, una compaña pequeña que -en esencia- canalice los ingresos y facturas de las diferentes entidades y vendedores, y lleve las cuentas en orden. Un consorcio de artistas de nivel medio que compartan los servicios de tal entidad podría hacer que este modelo funcionara; una especie de cooperativa del negocio musical. United Musicians, la compañía que fundó Michael Hausman, es un ejemplo de ello" (páginas 265-266).

10. La industria musical de Estados Unidos es racista 

"Los primeros rockers británicos se inspiraron en grabaciones de músicos y cantantes norteamericanos (negros en su mayoría). Muchos de esos cantantes norteamericanos nunca tuvieron la oportunidad de actuar en Liverpool o Manchester, pero sus grabaciones llegaron donde ellos no pudieron. Hasta cierto punto, esos músicos británicos imitaron inicialmente a sus ídolos norteamericanos ; algunos de ellos trataron de cantar como si fueron negros del Sur o de Chicago. Si en la radio y los conciertos de Estados Unidos no hubiera habido tanta segregación como había (y sigue habiendo, en gran medida) no habría existido espacio para que se colaran esos británicos" (página 109).

Posdata: Resulta valiente que Byrne denuncie el racismo cultural en su propio país, pero no tanto que evite hablar de su relación con la música latina y africana (más allá de algún comentario de pasada). En el fondo, el vocalista de Talking Heads es el mayor ejemplo de cómo un neoyorquino blanco que se inspira en la música negra suele obtener más dinero, prestigio y espacio en los medios que las personas que inventaron esos ritmos en los países pobres. No se trata de señalar a Byrne como vampiro cultural (toda la música popular es reciclaje, en una u otra medida), pero se echa de menos un análisis de las estructuras de poder (industria cultural, publicidad…) que hacen que las recompensas caigan casi siempre del lado de la gente más rica, blanca y con mejores conexiones sociales.

Por Victor Lenore

http://www.elconfidencial.com/cultura/2014-02-24/los-diez-secretos-de-la-musica-segun-david-byrne_92389/Se hizo famoso con el grupo Talking Heads, pero lleva ya 25 años de carrera en solitario, publicando álbumes, bandas sonoras y hasta un musical discotequero sobre Imelda Marcos (esposa del dictador filipino Ferdinand Marcos). Su último proyecto es un libro que promete mucho desde el título: Cómo funciona la música (Reservoir Books, 2014). El texto combina argumentos estéticos, sociales, tecnológicos, dosis de antropología y mucho relato autobiográfico para acercarnos a los secretos de la experiencia sonora. ¿Balance de la lectura? Se trata de un ensayo irregular, donde Byrne divaga con frecuencia y abusa del "corta y pega" a investigadores de renombre. Gran parte del texto está basado en sus recuerdos sobre una industria (la discográfica) que se ha desmoronado por completo (sus lecciones tienen más valor histórico que práctico). A pesar de todo, sus 365 páginas también albergan enfoques sustanciosos. Por ejemplo, estos diez que hemos seleccionado:

1. La música es un juego

Quizá el mayor mérito del libro sea su intención de despojar a la música del manto de solemnidad que le dan algunos analistas. "La antropóloga Ellen Dissanyake nos cuenta que muchas sociedades africanas usan la misma palabra para "arte" y "jugar". Incluso en inglés, decimos que jugamos ("play") un instrumento. Esta actitud respecto al arte y la interpretación, completamente opuesta a la idea occidental de monumentos y grandes obras, ve la cultura como algo efímero y fugaz. Como la música. Es una experiencia, no una imagen fija e inalterable. La música, vista así, es una forma de vida, una manera de estar en el mundo, no una cosa que sostienes con la mano y haces sonar con un aparato" (página 314).

2. Mejor trabajar en equipo que en plan genio solitario

"La web musical Pitchfork aseguró una vez que yo colaboraría con cualquiera por una bolsa de Doritos. No lo decían como un elogio, aunque, en realidad, no estaban muy lejos de la verdad. Contrariamente a lo que insinuaban, soy bastante quisquilloso a la hora de elegir con quién colaboro, pero también estoy dispuesto a trabajar con gente que no esperaríais. Me arriesgo a que sea un desastre porque la gratificación creativa de una colaboración exitosa es enorme. Lo he hecho toda la vida. Trabajar en equipo tiene ventajas obvias. Tus ideas más flojas pueden ser corregidas. Mi concepto original para la canción Psycho Killer era darle un sentido paradójico y tocarla como balada, pero cuando otros miembros se unieron a la banda tomó una dirección más enérgica, que tuvo éxito entre nuestro público. Hay muchas posibilidades de que tu inspiración venga de ideas exteriores a ti" (página 191).

3. La música no es una experiencia individual, sino inmersión social

"Siempre querremos que la música sea parte de nuestro tejido social. Nos dejamos arrastrar a conciertos y a bares aunque el sonido sea una birria; hacemos circular música de mano en mano (o a través de la red) como forma de moneda social; levantamos templos en los que solo 'nuestro tipo de gente' puede escuchar nuestro tipo de música (salas de ópera, clubes punk, auditorios de música clásica), y queremos saberlo todo de nuestros bardos favoritos: su vida amorosa, su ropa, sus creencias políticas. La música tiene algo que nos apremia a implicarnos en un contexto entero, más allá del pedazo de plástico que la contiene (…) La música penetra en tantas partes del cerebro que no concebimos que sea una cosa aislada. Es con quién estabas, qué edad tenías y qué ocurrió aquel día" (página 223).

4. Hoy lo extraño no es la música, sino el silencio

"La tecnología ha cambiado cómo suena la música, cómo se compone y cómo la experimentamos. También ha inundado de música el mundo. El planeta está saturado de (sobre todo) sonidos grabados. Antes teníamos que pagar por la música o debíamos hacerla nosotros mismos; tocarla, escucharla y experimentarla era excepcional, una experiencia rara y personal. Ahora escucharla es universal y el silencio es la rareza que saboreamos y por la que pagamos" (página 145).

5. No es un problema que desaparezcan los formatos

"Tras años de acumular elepés y compactos, tengo que reconocer que me estoy deshaciendo de ellos. De vez en cuando, pongo un cedé en el lector, pero casi me he convertido completamente al MP3, que escucho en mi ordenador o, glups, ¡en mi teléfono! Para mí la música se está desmaterializando, está volviendo a un estado más fiel a su naturaleza, me parece. La tecnología nos ha devuelto al principio" (página 145).

6. Los que los blancos llamamos "innovador" es alguien que va solo dos pasos por detrás de los negros

Uno de los momentos más reveladores del libro es la crónica de sus colaboraciones con Brian Eno. La crítica musical considera a ambos como artistas rompedores, pero sus mayores descubrimientos están basados en formas existentes de música negra. Un ejemplo: "Muchas canciones de James Brown, de Hamilton Bohannon y de algunos músicos de blues del Mississippi giran básicamente alrededor de un solo acorde. Conocíamos mucha de esa música y nos encantaba. Parecía que habíamos dado un gran rodeo para llegar a un lugar que, al menos en la estructura, ya tenía que resultarnos ligeramente familiar. Igual que en aquella cita de T.S Eliot sobre llegar a donde empezamos y descubrirlo por primera vez, estábamos esencialmente reintentando algo que ya conocíamos, algo que teníamos allí mismo, en nuestro propio patio trasero" (páginas 167-168).

7. Desconfía del concepto de "autenticidad"

"El musicólogo John Lomax estaba particularmente emperrado en lo que él consideraba 'autenticidad'. Leadbelly (pionero del blues) era un artista todoterreno, que gozaba tocando canciones populares, así como material más áspero y folk. Cuando Lomax se lo llevó a Nueva York para actuar en las fiestas sofisticadas de la gran ciudad le prohibió tocar los temas más populares. Quería presentar a un negro 'en bruto', un auténtico primitivo salido de la prisión, para que los neoyorquinos se quedaran boquiabiertos…y lo valoraran también. Hasta le hacia vestir con un peto en los conciertos, como si no tuviera otra cosa que ponerse. En realidad, Leadbelly prefería los trajes. (…) El espectáculo se impuso y la autenticidad fingida se convirtió en herramienta común de los presentadores" (páginas 99-100).

8. El ego del artista es un invento moderno

"El musicólogo Peter van der Merwe supone que los cantantes mesopotámicos cantaban con emotividad intensa, pero dirigida hacia el interior, un poco como los músicos asirios contemporáneos. Cantan como si escucharan a sí mismos. Es un gesto que expresa intensidad e implica comunicación con tus sentimientos, como si la canción fuera un mensaje profundamente íntimo y no una simple manifestación del ego de la persona que canta. Lo que se desprende de esto es que el cantante no es tanto un ejecutante como un medio, un vehículo. Hay una conexión bastante directa entre este tipo de canto y la vocalización del flamenco contemporáneo. Las cosas no han cambiado mucho" (páginas 327 y 328).

9. Las cooperativas son el mejor futuro para los músicos

"Lo que ahora llamamos sello discográfico podría ser reemplazado por una nueva entidad, una compaña pequeña que -en esencia- canalice los ingresos y facturas de las diferentes entidades y vendedores, y lleve las cuentas en orden. Un consorcio de artistas de nivel medio que compartan los servicios de tal entidad podría hacer que este modelo funcionara; una especie de cooperativa del negocio musical. United Musicians, la compañía que fundó Michael Hausman, es un ejemplo de ello" (páginas 265-266).

10. La industria musical de Estados Unidos es racista

"Los primeros rockers británicos se inspiraron en grabaciones de músicos y cantantes norteamericanos (negros en su mayoría). Muchos de esos cantantes norteamericanos nunca tuvieron la oportunidad de actuar en Liverpool o Manchester, pero sus grabaciones llegaron donde ellos no pudieron. Hasta cierto punto, esos músicos británicos imitaron inicialmente a sus ídolos norteamericanos ; algunos de ellos trataron de cantar como si fueron negros del Sur o de Chicago. Si en la radio y los conciertos de Estados Unidos no hubiera habido tanta segregación como había (y sigue habiendo, en gran medida) no habría existido espacio para que se colaran esos británicos" (página 109).

Posdata: Resulta valiente que Byrne denuncie el racismo cultural en su propio país, pero no tanto que evite hablar de su relación con la música latina y africana (más allá de algún comentario de pasada). En el fondo, el vocalista de Talking Heads es el mayor ejemplo de cómo un neoyorquino blanco que se inspira en la música negra suele obtener más dinero, prestigio y espacio en los medios que las personas que inventaron esos ritmos en los países pobres. No se trata de señalar a Byrne como vampiro cultural (toda la música popular es reciclaje, en una u otra medida), pero se echa de menos un análisis de las estructuras de poder (industria cultural, publicidad…) que hacen que las recompensas caigan casi siempre del lado de la gente más rica, blanca y con mejores conexiones sociales.

Por Victor Lenore

http://www.elconfidencial.com/cultura/2014-02-24/los-diez-secretos-de-la-musica-segun-david-byrne_92389/

domingo, 23 de febrero de 2014

Vivimos...

Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor… aunque la violencia, se practica a plena luz del día..


"Nos hicieron creer que el “gran amor”, sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado. Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía, es más agradable.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Nos hicieron creer en una fórmula llamada "dos en uno": dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con personalidad propia, podremos tener una relación saludable.

Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados. Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas.

Ah!, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto... cada uno lo va a tener que descubrir solo. Y ahí, cuando estés muy enamorado de tí, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien.
Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor… aunque la violencia, se practica a plena luz del día..."

John Lennon.

Fantasias sexuales

Una de las fantasías sexuales de muchas mujeres es hacer el amor de forma salvaje.

Llegar a casa…que tu marido esté preparando la cena…(bueno, esto de por sí solo ya sería una fantasía) acercarte al él por detrás, arrancarle el delantal y hacerlo en la mesa de la cocina… ¿Pero os imagináis esto en la vida real? con las piernas colgando, clavándote un tenedor en la nuca, y desollándote el culo con el rallador del pan?

Estas cosas nos pasan por intentar copiar lo que vemos en las películas, por ejemplo, la típica fantasía de mezclar sexo y comida, como en “Nueve semanas y media” con las fresas, el melocotón en almíbar… vamos a ver: ¿qué tiene de sexy hacer macedonia encima de tu pareja? porque el almíbar tiene una característica muy poco erótica, a los tres minutos se seca… y se queda como el Loctite. Claro!!! como en la película cortan…. pero a ti te toca irte a la ducha.. con la cabeza pegada a la de tu marido, con el culo en pompa y caminando hacia atrás…que parecemos dos siameses…

Otra fantasía muy típica es grabarse en video, me contó una amiga que daba mucho morbo. Así que lo probamos: es supererótico….hasta que te ves…tu marido te pone la cinta todo emocionado, y cuando ves dos cuerpos abrazados….¡¡gordos!!, dices:
-Paco, te has equivocado de cinta, eso es un combate de sumo.
-No cariño, somos nosotros, es que la cámara engorda.
-¿Que engorda? ¿Y la mesilla de noche porqué no engorda?
Pero la muestra más clara de que las fantasías nunca deberían llevarse a cabo es cuando tu marido se empeña en hacer el amor en la bañera. Aquí la fantasía es conseguir hacerlo sin romperte nada. Para empezar…muy, pero que muy erótico…. no es. El se mete, y se queda encajado en la bañera, con las rodillas en las orejas, y el periscopio intentando asomarse. Y va el cachondo y te dice:

-¡¡Venga, metete!!
Y claro, como él ha cogido el mejor sitio, a ti te toca poner el culo encima del tapón y que te dé el grifo en la nuca. Y entonces empieza a moverse todo apasionado. ¡Y se monta allí una marejada…! ¡Chaf, chaf…! Aquello parece “La Tormenta Perfecta”…

Lo malo es que el que está en la bañera no es George Clooney, es el capitán Pescanova.

Entonces te dice:

-Vamos a probar otra postura, ponte tú encima!
en ese momento se sale el tapón y el desagüe te hace ventosa… y piensas
“este ha organizado un trío sin avisarme”
Y cuando te das cuenta de que es el tapón le dices:
-¡¡Que se sale el agua, que se sale el agua!!
Y él: No te muevas, busca el tapón…
Tú, tanteando, agarras lo primero que encuentras…
-Y él grita: ¡¡Eso no es el tapónnn joderrr!!
¿no ves que hay dos?

En ese momento, ya solo se te ocurre una solución:
- Cariño, ¿por qué no nos vamos a la cama?… Pero a dormir ¿eh?

¡¡¡QUE AHORA SÍ QUE ESTOY AGOTADA!!!

viernes, 21 de febrero de 2014

Diez lecciones de El Padrino

Foto: Diez lecciones de El Padrino

1) No es nada personal, solo negocios. 
2) Le haré una oferta que no podrá rechazar
3) Te diré algo que aprendí de mi padre: Intenta pensar cómo piensan los que te rodean. Con esta base, todo es posible. 
4) Nunca digas a un extraño lo que piensas. La gente nunca debe saber todo lo que piensas.
5) Nunca seas violento. Nunca seas agresivo. Razona tus problemas.
6) Mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos.
7) Procura vivir no para ser un héroe, sino para conservar tu vida.
8) Mantén la boca cerrada y los ojos abiertos.
9) El poder agota a los que no lo tienen. 
10) Nunca odies a tus enemigos. Afecta tu razón. La mente sufre el cuerpo lo paga.1) No es nada personal, solo negocios.
2) Le haré una oferta que no podrá rechazar
3) Te diré algo que aprendí de mi padre: Intenta pensar cómo piensan los que te rodean. Con esta base, todo es posible.
4) Nunca digas a un extraño lo que piensas. La gente nunca debe saber todo lo que piensas.
5) Nunca seas violento. Nunca seas agresivo. Razona tus problemas.
6) Mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos.
7) Procura vivir no para ser un héroe, sino para conservar tu vida.
8) Mantén la boca cerrada y los ojos abiertos.
9) El poder agota a los que no lo tienen.
10) Nunca odies a tus enemigos. Afecta tu razón. La mente sufre el cuerpo lo paga.

El pensamiento filosófico de Virginia Woolf

¿Esconde la literatura una de las formas más delicadas de hacer filosofía? A través de novelas inmortales e inspiradores relatos, en la obra de Virginia Woolf encontramos un catálogo de preocupaciones que giran en torno a la situación de la mujer en los albores del siglo XX, el paso del tiempo y el poder estético de la palabra como vehículo de reflexión crítica sobre la realidad.



Virginia Woolf confesaba en uno de sus más fervientes períodos creativos: “Para mí nada es real, excepto lo que escribo”. Su transcurso vital se ve truncado desde muy pronto por el fallecimiento de su madre, Julia. Años más tarde, al preguntarse qué lugar ocupaba la figura materna en su existencia, respondía: “Continúa en mí”. Como era costumbre en la época, Julia no recibió otra educación que la doméstica. Su primer marido, Herbert (acaso su más auténtico amor), falleció repentinamente, dejando en la madre de Virginia una huella de tristeza que apenas podrá borrar. El aguijón acompañó a Virginia durante toda su vida como si de una herencia espiritual se tratara. De alguna manera, crecer significa sentir el desplazamiento desgarrador que nos aleja de la madre, de la seguridad que esta supone. Por otro lado, crecer es el arte de relacionarnos con los recuerdos, no siempre voluntarios. Además, los recuerdos no son en ocasiones estrictamente individuales, sino colectivos: Virginia puede conservar la imagen de su madre no solo gracias a sus propias evocaciones, sino también a las de sus hermanos y su padre. “¡Ay, el misterio de la vida! ¡La inexactitud del pensamiento! ¡La ignorancia de la humanidad! Cuán poco dominio tenemos sobre nuestras posesiones –cuán accidental es nuestra vida tras tantos siglos de civilización–”, dice en el relato La marca en la pared. En esta misma obra, de gran carga filosófica y enorme valor literario, expresaba Virginia su deseo de “pensar en silencio” sin ser molestada, en calma, para deslizarse “sin dificultad de una cosa a otra, sin ningún sentimiento hostil”, sin obstáculo alguno.

La cruda realidad versus la realidad poética

La vida humana, sea contemplada a través de nosotros mismos o de otras personas, siempre adquiere una doble e inexcusable perspectiva: la de los hechos “duros y aislados”, como Virginia los llamaba; y después, la mirada poética o estética (pero siempre escritural), que tiene por cometido ofrecer una visión más honda de cuanto nos rodea, para embellecer cualquier imagen a fin de protegernos de la desnudez de la existencia y lograr, así, hacer el mundo habitable, pues sabemos en el fondo que este es un mundo “en el que no se puede vivir”, escribía Virginia.
Aunque Julia intentó hacer ver a su hija que “la verdad es siempre lo mejor”, esta no tuvo claro qué perspectiva de aquellas dos era la genuinamente real. Como Virginia muy bien sabía, lo que llamamos “real” se encuentra teñido por nuestros sentimientos más profundos, y estos no siempre dejan ver los hechos en su puridad. En su intención por comprender y transcribir los entresijos del alma humana, Virginia comenzó desde pequeña a pensar en las “cosas serias de la vida” (la vejez, la pobreza o la enfermedad), y finalmente concluyó que “sin duda sería mi destino conocerlas”. Gracias a sus novelas, sabemos que la escritora nunca dejó de lado aquel marcado contraste entre alegría y pena que parecen darse mutua caza sin tregua a lo largo de la vida. Más que hechos incontrovertibles, lo que permanece es el rastro de un sentimiento con el que hemos de convivir: “Cuando el yo le habla al yo, ¿quién le habla? El alma sepultada, el espíritu que se adentra y adentra en la catacumba central; el yo que levantó el velo y abandonó el mundo… un cobarde quizá, pero hermoso en cierto modo mientras se desliza incesantemente con su farolillo arriba y abajo por los oscuros pasillos” (Una novela no escrita).

La liberación por la palabra
A ese fatalismo metafísico se sumaba la circunstancia de que Virginia era mujer, y más aún, una mujer al inicio del siglo XX. Esta época, marcada por asombrosos avances tecnológicos e industriales se veía aún manchada por la dependencia de las mujeres respecto a la figura masculina.
Virginia Woolf denunció en numerosas ocasiones este desajuste social, que incluso sufrió en su propio cuerpo (desde joven fue víctima de los abusos de uno de sus hermanos, gestos que nunca fueron vistos por sus familiares más allegados como signos que propasaran el límite del decoro debido). Uno de los relatos de obligada lectura para conocer la postura de Virginia sobre este escabroso asunto es Phyllis y Rosamond, en el que la autora asegura que, para las mujeres, “el amor era algo inducido por ciertas acciones calculadas” que surgía en salones de baile, conservatorios perfumados, y siempre “al abrigo de miradas furtivas, golpes de abanico y tonos de voz entrecortados y sugestivos”. La mujer es observada como un objeto del que puede disponer el mejor postor, lucha mediante, tras la correspondiente explotación sentimental y física. Las protagonistas del cuento, al preguntarse si podrían llegar a amar sincera y desinteresadamente, llegan a la conclusión de que todo intento de liberación sería en vano: “Su largo cautiverio las había corrompido tanto por dentro como por fuera”. También en el relato Una sociedad denunciaba Woolf la situación de la mujer: “Mientras nosotras hemos dado a luz a nuestros hijos, ellos, supongo, han creado libros y cuadros. Nosotras hemos poblado el mundo. Ellos lo han civilizado. Pero ahora que sabemos leer, ¿qué nos impide juzgar los resultados?”.
Al igual que el resto de componentes del denominado círculo de Bloomsbury, Virginia es consciente del poder de la palabra a la hora de derribar fronteras opresivas. Pero este poder solo puede ser contemplado si se da una condición, y esta es la libertad. En sus años de juventud se promete “escribir lo que me apetezca escribir, y ya está”, sin preocuparse por sus lectores, que “me leerán si les gusto”. Virginia desea redactar textos que conduzcan al planteamiento de verdaderas preguntas; las respuestas nunca llegan si el modo de interrogarnos no es el adecuado.
Virginia Woolf es una de las escritoras más sobresalientes de la literatura, “pero es también, y sobre todo, una mujer sincera y honesta –explica su biógrafa Nadia Fusini–. Penetra con audacia en el nudo de los grandes interrogantes humanos y en ellos se pierde”. Pero, sobre todo, lucha, y de su combate trascienden preguntas que conciernen a la existencia humana en su totalidad.
Días después del suicidio que empujó a Virginia a adentrarse en las aguas del río que en otro tiempo tanta paz le habían dado (28 de marzo de 1941), el oficial de policía que se encargaba de la investigación de tan funesto suceso explicaba que, si la escritora había decidido quitarse la vida, fue porque había sentido y padecido de forma más intensa la “bestialidad” de aquellos tiempos. “La vida es lo que vemos en los ojos de la gente –escribía Virginia años antes–; la vida es lo que aprenden y, una vez aprendido, nunca, por más que intenten ocultarlo, dejan de ser conscientes de… ¿de qué? De que la vida es así, al parecer”.

 ❖ Carlos Javier González Serrano

jueves, 6 de febrero de 2014

Cuando sepas de mí

“Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah.
A lo que iba.
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.
Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.”