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domingo, 11 de agosto de 2013

Museo del alma

Sí, eso es lo que somos… un museo. Nuestras almas engloban una gran cantidad de piezas de indescifrable valor. Y así el mundo, que reúne millones de estas particulares galerías del recuerdo. Porque son esas las auténticas piezas de valor… los recuerdos. En ellos basamos muchas de nuestras experiencias, ellos son los que nos impiden volver a caer en ocasiones, ellos son los que nos animan a seguir adelante, aunque al tiempo nos pueden llegar a hundir… Esas maravillosas piezas de nuestra colección personal a la que no todo el mundo tiene acceso. Abierto las 24 horas. Un día decides darte un paseo por las instalaciones de tu mente, de tu alma y empiezas desde el principio… un recuerdo de cuando niño, lo observas, fue el día en que te caíste, ahora ya no tiene importancia apenas, tan sólo te dejó unas pequeñas cicatrices en las rodillas y de vez en cuando te duelen… sigues paseando, otro recuerdo… aquel día asustaste a una de tus primas, apenas tenías tres años, ella apagó las luces y te empujó escaleras abajo, parece un cuadro abstracto, no consigues verlo con nitidez, ahora te parece gracioso… más adelante ves una galería de amigos de cera, conocidos, gente que te ha rodeado en un momento u otro de tu vida, algunas de sus figuras te emocionan y despiertan en ti aquellas lágrimas olvidadas en otra de esas salas, algunas figuras te dan pavor, algunas figuras te entristecen… has conocido mucha gente y has aprendido tanto de ella que te cuesta separarte de esos sentimientos que os unían. A un lado y otro se ven más escenas, en esta tienes ya dieciséis años… todo el mundo te fallaba, te quedaste sin amigos, aquellos que creías verdaderos… falsas imágenes que repercutieron en tu futuro, falsos amores, frustraciones, angustiosas situaciones… aquel fue el final, pero también fue el comienzo… empezó una nueva vida, un nuevo ser, con resquicios del anterior. Empezaron las relaciones fructíferas pero sin futuro, recibiendo palos y dando justo lo contrario, así hasta los veintisiete… de los errores se aprende, para eso está este museo, para darte una vuelta de vez en cuando y recordar tus fallos, tus aciertos y tus dudas… algunas obras yacen en cenizas sobre el suelo, algunos recuerdos decidiste quemarlos, tras intentar ahogarlos u olvidarlos, siempre volvían… ahora sólo queda el recuerdo del humo, el fuego y las cenizas… a los veintisiete otra etapa, otra sala… en esta hay muchos cuadros, escritos, fotografías, esculturas, piezas antiguas, pensamientos… fue una época muy lúcida, llena de energía, de amor, de amistad, de alegrías, pero es una sala demasiado grande, la etapa arco iris comparte protagonismo con la más oscura de tu vida, la más sufrida… la pérdida de mucha gente querida, el desasosiego, la realidad hasta ahora semioculta de la vida, la crudeza de las cosas, el desamor, el sufrimiento… negro, todo negro… quema los ojos tan sólo mirar hacia esa parte de la sala… por último veo una figura… una escultura en pie, con los brazos abiertos gritando libertad y rompiendo las cadenas que tanto tiempo le habían condenado, sueños… veo sueños, fuerza para seguir adelante, gente maravillosa, buenos momentos, amigos, buenos amigos, ilusiones, estabilidad y seguridad… y a los pies de la estatua reflejos en un agua turbia, reflejos oscuros… envidias, maldiciones, traiciones, mentiras, maldad… la figura que antes había visto soy yo, es como una de esas fuentes de angelitos y se encuentra orinando hacia el turbio charco, se acabaron las humillaciones, las mentiras, las traiciones, todo… se acabó. Hoy, algunas salas las cerraré para siempre y tiraré lejos las llaves, son recuerdos que han pasado de ser maravillosas reliquias a simples trastos viejos, cuyo único valor había sido el que yo les había otorgado, ellos mismos rehusaron de tener ese valor y ahora no son más que basura, artículos llenos de polvo que algún basurero recogerá de uno de los contenedores de su ruta para llevárselo a casa y darle algún uso o apaño. Ya no quiero antiguallas, el futuro empieza ahora y no hay sitio para el pasado. Se cierra el museo.

viernes, 9 de agosto de 2013

Psicoanálisis de los cuentos de hadas

Mitos y cuentos de hadas responden a las eternas preguntas: “¿A qué se parece verdaderamente el mundo? ¿Cómo viviré en él? ¿Cómo hacer para ser de verdad yo mismo?”. Los mitos ofrecen respuestas precisas, mientras que los cuentos de hadas se limitan a sugerir: sus mensajes pueden suponer algunas soluciones, pero éstas nunca se expresan claramente. Los cuentos de hadas dejan que la imaginación del niño decida si (y cómo) puede aplicarse a sí mismo lo que la historia narrada revela acerca de la vida y de la naturaleza humana.
    El cuento de hadas procede de una manera por completo adaptada a la forma en que el niño concibe y experimenta el mundo, y por esta razón le parece tan convincente el cuento. Puede obtener mucho más alivio del cuento de hadas que de todas las ideas y todos los razonamientos con los que el adulto intenta tranquilizarlo. El niño confía en lo que le cuenta el cuento de hadas porque ambos tienen la misma manera de concebir el mundo.
    Cualquiera que sea la edad que tengamos, sólo puede convencernos una historia que sea conforme a los principios en los que se basan nuestros pensamientos. Si así le sucede al adulto, que ha aprendido a admitir que dispone de más de un marco de referencia para entender el mundo –aunque en realidad resulte difícil, si no imposible, pensar en un mundo diferente al nuestro-, para el niño es particularmente verda­de­ro: su pensamiento es animista…. Si acaricia los objetos es porque está convencido de que también a éstos les gusta que los acaricien; y castiga la puerta porque está seguro de que se ha cerrado adrede, por pura maldad.
    Como mostró Piaget, el pensamiento del niño sigue siendo animista hasta la edad de la pubertad. Sus padres y sus maestros le dicen que las cosas no pueden ni sentir ni actuar, y, aunque dé la impresión de que se lo cree para complacer a los adultos o para no hacer el ridículo, en su fondo sabe a qué atenerse. Sometido a la enseñanza racional de los demás, el niño entierra profunda­mente sus “verdaderos conocimientos” en su espíritu, protegiéndolos de la racionalidad; pero puede ser formado e informado por lo que tienen que decirle los cuentos de hadas.
    Por no citar más que ejemplos del propio Piaget, para el niño de ocho años el sol está vivo porque da luz (y podemos añadir que la da con total agrado). Para el espíritu animista del niño, la piedra está viva porque es capaz de moverse cuando, por ejemplo, cae rodando por la ladera de una colina. Incluso con doce años pasados, el niño está convencido de que un torrente está vivo y dotado de voluntad porque sus aguas fluyen. El sol, la piedra y el agua están habitados, según cree el niño, por unos espíritus que se parecen mucho a los seres humanos y que sienten y actúan como éstos.  
    En el niño no existe una línea nítida de demarcación entre lo que está inanimado y lo que está vivo; y lo que vive tiene una vida muy cercana a la nuestra […]
    Cuando los niños, lo mismo que los grandes filósofos, buscan dar respuesta a todas estas preguntas: “¿Quién soy yo? ¿Qué debo hacer ante los problemas que plantea la vida? ¿Qué voy a llegar a ser?”, lo hacen basándose en su pensamiento animista. Pero, como el niño no sabe muy bien en qué consiste la existencia, la pregunta que ante todo se plantea es la de “¿Quién soy yo?”.
    En cuanto el niño empieza a desplazarse y a explorar, se interroga acerca de su identidad. Cuando espía su imagen en un espejo, se pregunta si lo que ve es realmente él, o un niño que se le parece y que se encuentra al otro lado del espejo. Intenta descubrir la verdad indagando si ese niño se le parece de verdad en todos los aspectos: hace muecas, se da la vuelta a la derecha y a la izquierda, se aleja del espejo y regresa de un salto delante de él; todo ello, para ver si el otro se ha ido o sigue estando ahí. Desde los tres años, el niño afronta ya el difícil problema de la identidad personal.
    Se pregunta: “¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Cómo se ha creado el mundo? ¿Quién ha creado al hombre y a los animales? ¿Cuál es el objetivo de la vida?” A decir verdad, sobre estas cuestiones vitales se interroga, pero no de modo abstracto, sino porque le conciernen. No le preocupa saber si existe justicia para cada ser particular, sino si él será tratado de manera equitativa. Se pregunta quién o qué le hunde en la adversidad y quiere saber qué es lo que podría protegerle. ¿Hay poderes tutelares además de los padres? ¿Cómo debe formarse, y por qué? ¿Puede tener esperanza, a pesar de lo que haya podido hacer mal? ¿Cuáles serán las consecuencias de ello en el futuro? Los cuentos de hadas ofrecen respuestas a todas estas cuestiones agobiantes y el niño va adquiriendo conciencia de todas ellas a medida que evoluciona la historia narrada.
    Si adoptamos el punto de vista del adulto y los términos de la ciencia moderna, las respuestas que los cuentos de hadas suministran resultan ser más fantásticas que reales. Como cabía suponer, esas soluciones parecen tan incongruentes a los ojos de numerosos adultos (que se han vuelto ajenos a los medios con los que el niño experimenta el mundo) que se niegan a transmitirle al niño unas informaciones tan “falsas”. Sin embargo, las explica­ciones realistas por lo general resultan incomprensibles al niño, que carece de la facultad de abstracción, la única que puede darles algún sentido. Cuando el adulto da una explicación científicamente justa, cree que al niño le clarifica las cosas, cuando en realidad lo que esas explica­ciones hacen es dejarlo desamparado, desbordado e intelectualmente vencido. El niño no puede lograr un sentimiento de seguridad más que si tiene la certeza de haber compren­dido lo que, antes, le desconcertaba; y evidentemente no puede obtener el mismo resultado si se le ofrecen hechos que generan nuevas incertidumbres. Incluso si acepta una respuesta de ese tipo, el niño llega a preguntarse si ha planteado la pregunta correcta: puesto que la explicación no significa nada para él, será que corresponde a algún problema desconocido, y no al que él ha enunciado.
    Así que es muy importante no olvidar que al niño únicamente le pueden convencer las afirmaciones que puede entender en los términos propios de los conocimientos que posee en ese momento y en los de sus preocupaciones efectivas. Si al niño se le ha dicho que la tierra flota en el espacio según las leyes de la atracción universal, con el movimiento que describe alrededor del sol, pero que la tierra no cae en el sol como él, el niño, se cae al suelo, atraído por la gravedad, forzosamente se le está des­orientando mucho. El niño sabe por propia ex­pe­riencia que todo debe reposar sobre alguna cosa, o ser sostenido por algo. Únicamente una expli­cación fundada en esta certeza puede hacerle sentir que entiende mejor el movi­miento de la tierra en el espacio. Y algo más importante aún: para sentirse seguro sobre la tierra, el niño necesita saber que nuestro mundo está sólidamente anclado en su sitio. Así, pues, encuentra una mejor expli­ca­ción en un mito que le cuenta que la tierra reposa sobre la espalda de una tortuga, o que es un gigante quien lo sostiene.
    Si el niño acepta como verdadero lo que le cuentan sus padres, a saber: que la tierra es un planeta al que la gravitación mantiene sólidamente en su órbita, puede en rigor imaginarse entonces que esa famosa gravitación es un tipo de cuerda. Con lo que la explicación de los padres no habrá conseguido una mejor comprensión, igual que no logró generar en él un sentimiento de seguridad. Se necesita una madurez intelectual considerable para creer que nuestra propia vida puede mantenerse estable cuando el suelo sobre el que caminamos (que es lo más sólido que hay alrededor nuestro, sobre lo que reposan todas las cosas) gira a una velocidad increíble sobre un eje invisible; que además la tierra gira alrededor del sol; y que es propulsada a través del espacio con el conjunto del sistema solar. Nunca he encontrado un niño prepúber que pudiera entender la combinación de todos esos movi­mientos, pero sí que he conocido muchos capaces de recitar todas esas informaciones: lo que hacen es repetir como loros unas explica­ciones que, según la experiencia que ellos tienen del mundo, son unas mentiras, pero que han de tener por verdaderas porque es un adulto quien se las ha dicho. Al final, lo que se deriva de ello es que estos niños acaban dudando de sus propias experiencias y, por tanto, de sí mismos y de lo que su espíritu puede hacer por ellos.
    Durante el otoño de 1973, el cometa Kohutek fue pasto de la actualidad. En esa época, un profesor de ciencias muy competente explicó qué era un cometa a un pequeño grupo de niños de entre siete y nueve años especialmente inteligentes. Cada niño había recortado cuidadosamente un círculo de papel y, sobre él, había dibujado la trayectoria de los planetas alrededor del sol; una elipse de papel encajada en una hendidura practicada en el círculo representaba la trayectoria del cometa. Los niños me mostraron el cometa, que se desplazaba según un ángulo determinado con respecto a los planetas. A propósito de una pregunta que les hice, los niños me respondieron que lo que tenían en la mano era el planeta, y me mostraron la elipse. Y cuando les pregunté cómo era posible que eso que tenían en la mano pudiera estar al mismo tiempo en el cielo, se quedaron perplejos.
    Cuando más confusos estaban, se volvieron hacia su maestro, quien les explicó con el mayor de los cuidados que lo que tenían en la mano, y que habían hecho con tanto esmero, no era más que una representación de los planetas y del cometa. Todos los niños coincidie­ron en que lo habían entendido y, si se les hubiera preguntado, habrían sido capaces de repetirlo todo. Pero, eso sí, mientras que un poco antes habían mirado con orgullo el conjunto círculo-elipse que sostenían en sus manos, ahora el objeto ya no les ofrecía ningún interés. Algunos hicieron con ello una pelota, otros tiraron la maqueta a la papelera. Mientras los pe­da­zos de papel habían sido para ellos unos cometas, desearon llevárselos a sus casas para enseñárselos a sus padres; en cambio, ahora habían perdido para ellos toda significa­ción.
    Cuando los padres se empeñan en que el niño acepte explicaciones científicamente correctas, no tienen de ningún modo en cuenta los descubrimientos que se han hecho sobre los procesos mentales del niño. Estas investigaciones, y en particular las de Piaget, prueban convincentemente que el pequeño es incapaz de entender los dos conceptos abstractos esenciales de “permanencia de la cantidad” y de “reversibilidad”: no entienden, por ejemplo, que una misma cantidad de agua pueda alcanzar un nivel más alto en un recipiente estrecho que en otro más ancho; igualmente, no entienden que la resta es el proceso inverso de la suma. Mientras sea incapaz de asimilar conceptos abstractos de esta índole, el niño no podrá tener del mundo más que una expe­rien­cia subjetiva.
    Las explicaciones científicas exigen un pensamiento objetivo. La investigación teórica y la exploración experimental han mostrado que ningún niño de edad preescolar es verdade­ra­mente capaz de captar esos dos conceptos sin los cuales es imposible cualquier com­pren­sión abstracta. Durante sus primeros años, hasta la edad de ocho o diez años, el niño sólo es capaz de formarse conceptos altamente personalizados a partir de lo que él mismo experi­menta. Así, puesto que las plantas que crecen en la tierra le alimentan como hacía su madre con el pecho, le parece natural considerar a la tierra como una madre o como una diosa-madre o, al menos, como la morada de esa diosa.
    El niño, incluso muy pequeño, sabe que fue engendrado por sus padres; así que le parece lógico pensar que, igual que él, todos los seres humanos junto con el marco natural en el que viven han sido creados por personajes sobrehumanos no muy diferentes de sus padres: algún dios, algún hombre o alguna mujer. El niño que, en casa, sabe que sus padres velan por él y atienden sus necesidades, llega con total naturalidad a creer que algo semejante a ellos, pero mucho más poderoso, más inteligente y seguro –un ángel de la guarda- desempeñará la misma función en el mundo…
    Es verdad que… ni las proyecciones infantiles ni la intervención de protectores imaginarios (un ángel de la guarda, por ejemplo, que vigila al niño mientras duerme cuando su madre está ausente) ofrecen una verdadera seguridad; pero, mientras no sea posible obtener de uno mismo una seguridad completa, los fantasmas y las proyecciones son, con mucho, preferibles a la falta de seguridad. Precisamente es esta seguridad –en parte imaginaria- la que le permite al niño, si éste la ha experimentado durante suficiente tiempo, desarrollar ese sentimiento de confianza en la vida que necesita para tener confianza en sí mismo; confianza, ésta, indispensable para que aprenda a resolver con sus propias capa­ci­da­des racionales ya desarrolladas los problemas que le planteará la vida. Al final, el niño re­co­no­ce que lo que él consideraba como la verdad –la tierra madre- no es más que un símbolo…
    Conocí muchos casos en los que, en particular durante la última etapa de la adoles­cencia, fue necesario recurrir a los años de creencia en lo mágico para compensar el hecho de que el individuo hubiera sido privado de ello prematuramente en su infancia, después de haber intentado imponerle en vano la estricta realidad. Lo que sucede es que estos jóvenes sienten que aún cuentan con una última oportunidad de compensar una grave deficiencia en su experiencia de la vida, o que, a falta de haber creído en lo mágico durante cierto período, serán incapaces de enfrentarse a los rigores de la vida adulta. En nuestros días, muchos jóvenes se lanzan de pronto a buscar la evasión en los sueños que les procura la droga, reclaman ser iniciados por un gurú, creen en la astrología, se entregan a la “magia negra” o, de otra manera, huyen de la realidad refugiándose despiertos a sueños relativos a experien­cias mágicas que se supone mejorarán su vida; estos jóvenes, a menudo, se han visto forzados prematuramente a conocer la realidad de modo adulto. El hecho de que intenten escapar de la realidad por esas diferentes vías arraiga hondamente en las experiencias for­ma­doras precoces que les han impedido convencerse personalmente de que la vida debe ser dominada de manera realista…
    Durante mucho tiempo, esas explicaciones les procuraron a los hombres un senti­miento de seguridad. Después, lentamente, por su propio progreso social, científico y tecno­ló­gico, se libe­raron del temor que despertaba en ellos su propia existencia. Al sentirse más se­gu­ros en el mundo, y tam­bién en su interior, podían empezar a preguntarse sobre la va­li­dez de las imágenes que habían utilizado antes como herra­mien­tas de exploración. A partir de en­tonces, las proyec­cio­nes ‘pue­ri­les’ del hombre se disiparon y fueron sustituidas por expli­ca­cio­nes más racionales. Sin embargo, este proceso no es siem­pre tan estricto. En épocas de tensión y escasez, el hombre bus­ca de nue­vo la seguridad y la calma refugián­do­se en la noción ‘pue­ril’ de que él mismo, y su lugar natural, están en el centro del universo.


viernes, 26 de julio de 2013

Papá hacía Lucia

Querida Lucia,
Recientemente, tu madre y yo estábamos buscando algo en Google. A la mitad de escribir la pregunta, Google nos mostró una lista con las búsquedas más populares en el mundo. La búsqueda más popular en la lista era “Cómo mantenerlo interesado”.
Me sorprendió. Revisé varios artículos de la incontable cantidad que aparecieron acerca de cómo ser sexy y sexual, cuándo llevarle una cerveza en vez de un sándwich y las formas de hacerlo sentir más inteligente y superior.
Me enfurecí.
Pequeña, esto no es, nunca ha sido y nunca será tu trabajo -“mantenerlo interesado”.
Pequeña, tu única tarea es saber muy dentro de tu alma –en ese lugar inquebrantable que no se transforma por el rechazo, la pérdida o el ego- que tú eres digna de interés. (Si puedes recordar que todos también son dignos de interés, estarás por ganar la batalla de tu vida. Pero esa es otra carta para otro día.)
Si puedes estar segura de que vales en este sentido, serás atractiva en la manera más importante del mundo: atraerás a un chico que sea digno de tu interés y que también querrá pasar su vida invirtiendo todo su interés en ti.
Pequeña, quiero decirte algo acerca del hombre que no necesita que lo mantengan interesado, porque él sabe que tú eres interesante:
No me importa que ponga los codos en la mesa –siempre y cuando él ponga sus ojos en la manera en que tu nariz se frunce cuando sonríes. Y que luego no puede dejar de ver.
No me importa si no puede jugar golf conmigo –siempre y cuando él pueda jugar con los hijos que le des y disfrute todas las formas gloriosas y frustrantes en las que se parecen tanto a ti.
No me importa que no persiga el dinero –siempre y cuando él persiga su corazón y siempre lo lleve de vuelta a ti.
No me importa si es fuerte –siempre y cuando él te de espacio para ejercitar la fuerza que hay en tu corazón.
No me podría importar menos si vota –siempre y cuando se levante cada mañana y te elija un lugar de honor en tu casa y un lugar para venerarte en su corazón.
No me importa el color de su piel –siempre y cuando el pinte el lienzo de sus vidas con pinceladas de paciencia, sacrificio, vulnerabilidad y ternura.
No me importa si fue educado en esta religión o en otra o en ninguna –siempre y cuando haya sido educado para valorar lo sagrado y para saber que cada momento de la vida y cada momento que pase contigo es algo profundamente sagrado.
Al final pequeña, si te topas con un hombre como ese y parece que él y yo no tenemos nada en común, en realidad tendremos en común lo más importante:
Tú.
Porque al final, pequeña, la única cosa que debes hacer para “mantenerlo interesado” es ser tú misma.
Tu hombre eternamente interesado

Papá.

jueves, 13 de junio de 2013

Viajando por mi vida


Un constante viaje que me impidió hacer raíces. El primer viaje empezó a los 7 años en una escuela donde presuntamente había ido a cumplir el sueño de ser gimnasta como Nadia Comaneci en una ciudad extraña con nuevos compañeros y donde sólo mi padre me visitaba una vez al mes. El régimen era estricto y corrupto en un país donde aún sigue esa corrupción que tanto detesto. Tenía 7 años y al poco tiempo enferme de tal manera que decidieron llevarme a casa. El segundo viaje a los 8 años, una escuela de mi barrio donde la maestra me cogió tanto cariño que hasta hoy me llama mi pequeña gimnasta pero también iba a durar poco. A los 11 años tuve que hacer otro viaje aunque cortito dentro de la misma escuela pero otra clase, es decir otros compañeros. Había vuelto a los deportes. Esta vez fue el basket por el medio de cual tuve la oportunidad de conocer sitios nuevos, trabajar en equipo y sentir el gusto de la competición. Sin embargo lo bonito ya sabemos que dura poco. Era el ruido del siguiente viaje que tocaba mi puerta. El año en el que ya podemos hacer el carné de identidad (14 años).  Era el colegio del centro de la ciudad, donde los nuevos compañeros eran de familías buenas y donde otra vez la corrupción empezó a enseñar sus colmillos. Aún así sobrevivi estudiando y con la gratitud de haberlo conseguido honestamente. Después de un examen que aprobé a los 16 años iba a embarcarme en otro viaje quizá el que le hubiera gustado a mi madre: la contabilidad (economía). Pero los viajes de escuelas pararon aquí. El motivo? Desde ya años el clima era horroroso en casa: los conflictos entre mi madre y mi padre se hacían insoportables. Mi hermano llego a sufrirlo cierto tiempo hasta que se independizo y se fue a vivir con la novia. Me había quedado sola entre dos personas que me volvía loca. Que no me dejaba disfrutar de mi vida. Mi padre al final se fue de casa y creo que eso es lo que más repercuto mi vida. La falta de cariño y armonía familiar me hizo empezar a buscarlo en la calle. Y conocí una persona que a su lado me sentía protegida, amada y representaba mi evasión de esa cárcel en que vivía. Se dio la oportunidad del sueño occidental donde sabemos que todos van en busca de la realización material. Me fui sin pensarlo ni un minuto quizá por salir de ese clima que tanto me atormentaba. Empecé de cero en un país extraño, sin amigos pero con una persona que llego a ser para mi todo, madre, padre, hermano y pareja. Hice el paso de la infancia a la vida adulta. Buscaba lo que realmente no había tenido en mi hogar, el cariño  y el calor de una familia. Pero me salte un paso que ahora pienso que era el más importante: la adolescencia. ¿Pero quien tiene la culpa de haberme perdido esa etapa? ¿yo por elegir o mis padres por no saber hacer las cosas bien? Es difícil juzgar y una extraña sensación hacía mis padres, hacía mi país, un mal sabor de boca. 
Hay un hecho curioso: me acuerdo más de los años que practique el basket que los dos años siguientes de colegio. Fue quizás mi mejor época. Al ver el otro día al superheroe jugando al basket, reviví todos mis momentos y tal fue el impacto que ayer yendo a Decathlon lo primero que hice fue tocar un balón de basket. Hacía tanto tiempo.....
Desde abril empecé a tener otra perspectiva de mi vida que ya lo comente que es gracias a esa mezcla rara entre Nietzsche y los "Días contra la rutina". Me di cuenta que tengo que pasar de los sueños materiales que en parte ya los tengo cumplidos a los ideales. Y que mejor impulso que esa persona desconocida con tantas ganas de vivir que sin saberlo te apoya y despierta en ti lo más bonito y profundo. Llegas a ver el modo de vivir de verdad en el que cada uno hace lo que más le apetece donde hay libertad y no críticas. Donde la felicidad depende de ti mismo y no del otro. Quizá volver a estudiar fue una manera de reanudar mi vida. 

viernes, 31 de mayo de 2013

Infancia


En la infancia todo era sencillo, claro y bonito. Sabías que tienes que ir al cole, que tienes que hacer ciertas cosas y obtenías resultados. Hacías A y obtenías B.
En el presente, haces A y las cosas se vuelven caóticas. Llegas a preguntarte si los A hay que hacerlos, en cuanto tiempo y de que manera. El caos aumenta. De repente añoras la infancia, donde hacías A y obtenías B.  


miércoles, 29 de mayo de 2013

Generación X


Somos una generación especial y nos denominaron la generación X y como no si nuestra infancia estuvo llena de cambios. Somos la última generación que jugaba en la calle y en los recreos del colegio a las bolitas, a el escondite, somos la primera generación que jugó con videojuegos, fuimos a parques de atracciones y vimos caricaturas a color. Fuimos los últimos en grabar canciones de la radio en casettes (como olvidarlo si mientras se grababa en algunos casos no podíamos ni hablar) y vimos películas en versión Beta y VHS PERO orgullosos pioneros del personal stereo y los CD’s. Cuantos no tuvimos que tragarnos, Salvado por la Campana (con todo y Screech), Beverly Hills 90210. Nosotros vimos la caída de torres gemelas y también vimos caer el muro de Berlín.
Aprendimos a utilizar los ordenadores antes que nuestros padres y abuelos, y sobre todo antes de todos esos niños cerebritos de hoy en día y nunca vimos a los que no sabían usar los ordenadores como una especie de “retardados” como sucede hoy. Jugamos con el Double Dragon, Strett Fighter, empezamos el Mortal Kombat, el tetris, el Mario Bross, nos pegabamos a la tele a mirar Hugo y como otros jugaban desde sus casas usando el telefono de red fija!! vimos los anuncios de los primeros celulares (que parecían ladrillos) y creímos que Internet sería un mundo libre. Somos la Generación de Xuxa, Robotech, Gi Joe, Los Halcones Galácticos, los ThunderCats, los Transformers, He-Man y las Tortugas Ninja, Del Correcaminos, Los Supercampeones, Espartaco, Mazinger, de los Pitufos, La Pantera Rosa, Los Picapiedras, El pájaro loco, Candi Candi, Remi y Marco. Los que crecieron escuchando a Madonna, Michael Jackson y Guns N’Roses, New Kids on the block, Por supuesto en ver y vivir los primeros VIDEOS MUSICALES , Los Locomía y sus abanicos. La última generación de las botellas de litro de Coca-Cola familiar cuando un litro alcanzaba para toda la familia!! y los últimos en ser mandados a comprar en la bolsa de cuadritos.
Este correo está dedicado a las personas que nacieron entre 1970 y 1987. La verdad es que no sé cómo hemos sobrevivido!!!! Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos: viajábamos en autos sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta o patines sin casco, ni protectores para rodillas y codos. Los columpios eran de metal y resbaladilla y con esquinas en punta oxidada .
No había celulares!!!!. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila o bolsón que rara vez tenía refuerzo para los hombros y mucho menos, ruedas!! Cuantos no recogimos del suelo nuestros útiles al romperse la mochila! Y el que tenia un pantalon marca Wrangler. No tuvimos PlayStation, no había 99 canales de televisión, pantallas planas, sonido surround, mp3s, ipods, computadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos globos con agua, o jugando con los playmobil. Y nunca escuchamos sobre el calentamiento global. No era necesario tener fotoblog, Hi5 o MySpace, Facebook, twitter, para saber si existíamos, bastaba con hacer bien fuerte la “silvada” del grupo o gritar fuera de la casa, en plena calle, para que toda la cuadra saliera de sus casas. Éramos el zanahoria, la china, la flaca, la pecosa, el negro, el chato o cosas asi, pero todos pertenecíamos al mismo grupo y por el apodo sabiamos de inmediato quien era. Éramos responsables de nuestras acciones y acarreábamos con las consecuencias, no había nadie para resolver eso. Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.
¡FELICIDADES! Sobrevivimos a un mega cambio, ahora si tienes hijos, piensa por que no lo dejas hacer esas cosas si lo pasaste tan bien?
Pasa esto a otros que tuvieron la suerte de crecer como niños, recordemos lo bueno de la vida. Lo fácil que es ser  felices, la grandeza de lo sencillo. No necesitamos todas esas etiquetas, todas esas superficialidades, cosas, moviles, ropa… recordemos cómo ser niños, pero sobre todo, cómo ser libres!! 
Fuente:  Facebook