Sí, eso es lo que somos… un museo. Nuestras almas engloban una gran
cantidad de piezas de indescifrable valor. Y así el mundo, que reúne
millones de estas particulares galerías del recuerdo. Porque son esas
las auténticas piezas de valor… los recuerdos. En ellos basamos muchas
de nuestras experiencias, ellos son los que nos impiden volver a caer en
ocasiones, ellos son los que nos animan a seguir adelante, aunque al
tiempo nos pueden llegar a hundir… Esas maravillosas piezas de nuestra
colección personal a la que no todo el mundo tiene acceso. Abierto las
24 horas. Un día decides darte un paseo por las instalaciones de tu
mente, de tu alma y empiezas desde el principio… un recuerdo de cuando
niño, lo observas, fue el día en que te caíste, ahora ya no tiene
importancia apenas, tan sólo te dejó unas pequeñas cicatrices en las
rodillas y de vez en cuando te duelen… sigues paseando, otro recuerdo…
aquel día asustaste a una de tus primas, apenas tenías tres años, ella
apagó las luces y te empujó escaleras abajo, parece un cuadro abstracto,
no consigues verlo con nitidez, ahora te parece gracioso… más adelante
ves una galería de amigos de cera, conocidos, gente que te ha rodeado en
un momento u otro de tu vida, algunas de sus figuras te emocionan y
despiertan en ti aquellas lágrimas olvidadas en otra de esas salas,
algunas figuras te dan pavor, algunas figuras te entristecen… has
conocido mucha gente y has aprendido tanto de ella que te cuesta
separarte de esos sentimientos que os unían. A un lado y otro se ven más
escenas, en esta tienes ya dieciséis años… todo el mundo te fallaba, te
quedaste sin amigos, aquellos que creías verdaderos… falsas imágenes que
repercutieron en tu futuro, falsos amores, frustraciones, angustiosas
situaciones… aquel fue el final, pero también fue el comienzo… empezó
una nueva vida, un nuevo ser, con resquicios del anterior. Empezaron las
relaciones fructíferas pero sin futuro, recibiendo palos y dando justo
lo contrario, así hasta los veintisiete… de los errores se aprende, para eso
está este museo, para darte una vuelta de vez en cuando y recordar tus
fallos, tus aciertos y tus dudas… algunas obras yacen en cenizas sobre
el suelo, algunos recuerdos decidiste quemarlos, tras intentar ahogarlos u olvidarlos, siempre volvían… ahora sólo queda el recuerdo
del humo, el fuego y las cenizas… a los veintisiete otra etapa, otra sala… en
esta hay muchos cuadros, escritos, fotografías, esculturas, piezas
antiguas, pensamientos… fue una época muy lúcida, llena de energía, de
amor, de amistad, de alegrías, pero es una sala demasiado grande, la
etapa arco iris comparte protagonismo con la más oscura de tu vida, la
más sufrida… la pérdida de mucha gente querida, el desasosiego, la
realidad hasta ahora semioculta de la vida, la crudeza de las cosas, el
desamor, el sufrimiento… negro, todo negro… quema los ojos tan sólo
mirar hacia esa parte de la sala… por último veo una figura… una
escultura en pie, con los brazos abiertos gritando libertad y rompiendo
las cadenas que tanto tiempo le habían condenado, sueños… veo sueños,
fuerza para seguir adelante, gente maravillosa, buenos momentos, amigos,
buenos amigos, ilusiones, estabilidad y seguridad… y a los pies de la
estatua reflejos en un agua turbia, reflejos oscuros… envidias,
maldiciones, traiciones, mentiras, maldad… la figura que antes había
visto soy yo, es como una de esas fuentes de angelitos y se encuentra
orinando hacia el turbio charco, se acabaron las humillaciones, las
mentiras, las traiciones, todo… se acabó. Hoy, algunas salas las cerraré
para siempre y tiraré lejos las llaves, son recuerdos que han pasado de
ser maravillosas reliquias a simples trastos viejos, cuyo único valor
había sido el que yo les había otorgado, ellos mismos rehusaron de tener
ese valor y ahora no son más que basura, artículos llenos de polvo que
algún basurero recogerá de uno de los contenedores de su ruta para
llevárselo a casa y darle algún uso o apaño. Ya no quiero antiguallas,
el futuro empieza ahora y no hay sitio para el pasado. Se cierra el
museo.
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domingo, 11 de agosto de 2013
viernes, 9 de agosto de 2013
Psicoanálisis de los cuentos de hadas
El
cuento de hadas procede de una manera por completo adaptada a la forma
en que el niño concibe y experimenta el mundo, y por esta razón le
parece tan convincente el cuento. Puede obtener mucho más alivio del
cuento de hadas que de todas las ideas y todos los razonamientos con los
que el adulto intenta tranquilizarlo. El niño confía en lo que le
cuenta el cuento de hadas porque ambos tienen la misma manera de
concebir el mundo.
Cualquiera
que sea la edad que tengamos, sólo puede convencernos una historia que
sea conforme a los principios en los que se basan nuestros pensamientos.
Si así le sucede al adulto, que ha aprendido a admitir que dispone de
más de un marco de referencia para entender el mundo –aunque en realidad
resulte difícil, si no imposible, pensar en un mundo diferente al
nuestro-, para el niño es particularmente verdadero: su pensamiento es
animista…. Si acaricia los objetos es porque está convencido de que
también a éstos les gusta que los acaricien; y castiga la puerta porque
está seguro de que se ha cerrado adrede, por pura maldad.
Como
mostró Piaget, el pensamiento del niño sigue siendo animista hasta la
edad de la pubertad. Sus padres y sus maestros le dicen que las cosas no
pueden ni sentir ni actuar, y, aunque dé la impresión de que se lo cree
para complacer a los adultos o para no hacer el ridículo, en su fondo
sabe a qué atenerse. Sometido a la enseñanza racional de los demás, el
niño entierra profundamente sus “verdaderos conocimientos” en su
espíritu, protegiéndolos de la racionalidad; pero puede ser formado e
informado por lo que tienen que decirle los cuentos de hadas.
Por
no citar más que ejemplos del propio Piaget, para el niño de ocho años
el sol está vivo porque da luz (y podemos añadir que la da con total
agrado). Para el espíritu animista del niño, la piedra está viva porque
es capaz de moverse cuando, por ejemplo, cae rodando por la ladera de
una colina. Incluso con doce años pasados, el niño está convencido de
que un torrente está vivo y dotado de voluntad porque sus aguas fluyen.
El sol, la piedra y el agua están habitados, según cree el niño, por
unos espíritus que se parecen mucho a los seres humanos y que sienten y
actúan como éstos.
En
el niño no existe una línea nítida de demarcación entre lo que está
inanimado y lo que está vivo; y lo que vive tiene una vida muy cercana a
la nuestra […]
Cuando
los niños, lo mismo que los grandes filósofos, buscan dar respuesta a
todas estas preguntas: “¿Quién soy yo? ¿Qué debo hacer ante los
problemas que plantea la vida? ¿Qué voy a llegar a ser?”, lo hacen
basándose en su pensamiento animista. Pero, como el niño no sabe muy
bien en qué consiste la existencia, la pregunta que ante todo se plantea
es la de “¿Quién soy yo?”.
En
cuanto el niño empieza a desplazarse y a explorar, se interroga acerca
de su identidad. Cuando espía su imagen en un espejo, se pregunta si lo
que ve es realmente él, o un niño que se le parece y que se encuentra al
otro lado del espejo. Intenta descubrir la verdad indagando si ese niño
se le parece de verdad en todos los aspectos: hace muecas, se da la
vuelta a la derecha y a la izquierda, se aleja del espejo y regresa de
un salto delante de él; todo ello, para ver si el otro se ha ido o sigue
estando ahí. Desde los tres años, el niño afronta ya el difícil
problema de la identidad personal.
Se
pregunta: “¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Cómo se ha creado el mundo?
¿Quién ha creado al hombre y a los animales? ¿Cuál es el objetivo de la
vida?” A decir verdad, sobre estas cuestiones vitales se interroga,
pero no de modo abstracto, sino porque le conciernen. No le preocupa
saber si existe justicia para cada ser particular, sino si él será
tratado de manera equitativa. Se pregunta quién o qué le hunde en la
adversidad y quiere saber qué es lo que podría protegerle. ¿Hay poderes
tutelares además de los padres? ¿Cómo debe formarse, y por qué? ¿Puede
tener esperanza, a pesar de lo que haya podido hacer mal? ¿Cuáles serán
las consecuencias de ello en el futuro? Los cuentos de hadas ofrecen
respuestas a todas estas cuestiones agobiantes y el niño va adquiriendo
conciencia de todas ellas a medida que evoluciona la historia narrada.
Si
adoptamos el punto de vista del adulto y los términos de la ciencia
moderna, las respuestas que los cuentos de hadas suministran resultan
ser más fantásticas que reales. Como cabía suponer, esas soluciones
parecen tan incongruentes a los ojos de numerosos adultos (que se han
vuelto ajenos a los medios con los que el niño experimenta el mundo) que
se niegan a transmitirle al niño unas informaciones tan “falsas”. Sin
embargo, las explicaciones realistas por lo general resultan
incomprensibles al niño, que carece de la facultad de abstracción, la
única que puede darles algún sentido. Cuando el adulto da una
explicación científicamente justa, cree que al niño le clarifica las
cosas, cuando en realidad lo que esas explicaciones hacen es dejarlo
desamparado, desbordado e intelectualmente vencido. El niño no puede
lograr un sentimiento de seguridad más que si tiene la certeza de haber
comprendido lo que, antes, le desconcertaba; y evidentemente no puede
obtener el mismo resultado si se le ofrecen hechos que generan nuevas incertidumbres.
Incluso si acepta una respuesta de ese tipo, el niño llega a
preguntarse si ha planteado la pregunta correcta: puesto que la
explicación no significa nada para él, será que corresponde a algún
problema desconocido, y no al que él ha enunciado.
Así
que es muy importante no olvidar que al niño únicamente le pueden
convencer las afirmaciones que puede entender en los términos propios de
los conocimientos que posee en ese momento y en los de sus
preocupaciones efectivas. Si al niño se le ha dicho que la tierra flota
en el espacio según las leyes de la atracción universal, con el
movimiento que describe alrededor del sol, pero que la tierra no cae en
el sol como él, el niño, se cae al suelo, atraído por la gravedad,
forzosamente se le está desorientando mucho. El niño sabe por propia
experiencia que todo debe reposar sobre alguna cosa, o ser sostenido
por algo. Únicamente una explicación fundada en esta certeza puede
hacerle sentir que entiende mejor el movimiento de la tierra en el
espacio. Y algo más importante aún: para sentirse seguro sobre la
tierra, el niño necesita saber que nuestro mundo está sólidamente
anclado en su sitio. Así, pues, encuentra una mejor explicación en un
mito que le cuenta que la tierra reposa sobre la espalda de una tortuga,
o que es un gigante quien lo sostiene.
Si
el niño acepta como verdadero lo que le cuentan sus padres, a saber:
que la tierra es un planeta al que la gravitación mantiene sólidamente
en su órbita, puede en rigor imaginarse entonces que esa famosa
gravitación es un tipo de cuerda. Con lo que la explicación de los
padres no habrá conseguido una mejor comprensión, igual que no logró
generar en él un sentimiento de seguridad. Se necesita una madurez
intelectual considerable para creer que nuestra propia vida puede
mantenerse estable cuando el suelo sobre el que caminamos (que es lo más
sólido que hay alrededor nuestro, sobre lo que reposan todas las cosas)
gira a una velocidad increíble sobre un eje invisible; que además la
tierra gira alrededor del sol; y que es propulsada a través del espacio
con el conjunto del sistema solar. Nunca he encontrado un niño prepúber
que pudiera entender la combinación de todos esos movimientos, pero sí
que he conocido muchos capaces de recitar todas esas informaciones: lo
que hacen es repetir como loros unas explicaciones que, según la
experiencia que ellos tienen del mundo, son unas mentiras, pero que han
de tener por verdaderas porque es un adulto quien se las ha dicho. Al
final, lo que se deriva de ello es que estos niños acaban dudando de sus
propias experiencias y, por tanto, de sí mismos y de lo que su espíritu
puede hacer por ellos.
Durante
el otoño de 1973, el cometa Kohutek fue pasto de la actualidad. En esa
época, un profesor de ciencias muy competente explicó qué era un cometa a
un pequeño grupo de niños de entre siete y nueve años especialmente
inteligentes. Cada niño había recortado cuidadosamente un círculo de
papel y, sobre él, había dibujado la trayectoria de los planetas
alrededor del sol; una elipse de papel encajada en una hendidura
practicada en el círculo representaba la trayectoria del cometa. Los
niños me mostraron el cometa, que se desplazaba según un ángulo
determinado con respecto a los planetas. A propósito de una pregunta que
les hice, los niños me respondieron que lo que tenían en la mano era el
planeta, y me mostraron la elipse. Y cuando les pregunté cómo era
posible que eso que tenían en la mano pudiera estar al mismo tiempo en
el cielo, se quedaron perplejos.
Cuando
más confusos estaban, se volvieron hacia su maestro, quien les explicó
con el mayor de los cuidados que lo que tenían en la mano, y que habían
hecho con tanto esmero, no era más que una representación de los
planetas y del cometa. Todos los niños coincidieron en que lo habían
entendido y, si se les hubiera preguntado, habrían sido capaces de
repetirlo todo. Pero, eso sí, mientras que un poco antes habían mirado
con orgullo el conjunto círculo-elipse que sostenían en sus manos, ahora
el objeto ya no les ofrecía ningún interés. Algunos hicieron con ello
una pelota, otros tiraron la maqueta a la papelera. Mientras los
pedazos de papel habían sido para ellos unos cometas, desearon
llevárselos a sus casas para enseñárselos a sus padres; en cambio, ahora
habían perdido para ellos toda significación.
Cuando
los padres se empeñan en que el niño acepte explicaciones
científicamente correctas, no tienen de ningún modo en cuenta los
descubrimientos que se han hecho sobre los procesos mentales del niño.
Estas investigaciones, y en particular las de Piaget, prueban
convincentemente que el pequeño es incapaz de entender los dos conceptos
abstractos esenciales de “permanencia de la cantidad” y de
“reversibilidad”: no entienden, por ejemplo, que una misma cantidad de
agua pueda alcanzar un nivel más alto en un recipiente estrecho que en
otro más ancho; igualmente, no entienden que la resta es el proceso
inverso de la suma. Mientras sea incapaz de asimilar conceptos
abstractos de esta índole, el niño no podrá tener del mundo más que una
experiencia subjetiva.
Las
explicaciones científicas exigen un pensamiento objetivo. La
investigación teórica y la exploración experimental han mostrado que
ningún niño de edad preescolar es verdaderamente capaz de captar esos
dos conceptos sin los cuales es imposible cualquier comprensión
abstracta. Durante sus primeros años, hasta la edad de ocho o diez años,
el niño sólo es capaz de formarse conceptos altamente personalizados a
partir de lo que él mismo experimenta. Así, puesto que las plantas que
crecen en la tierra le alimentan como hacía su madre con el pecho, le
parece natural considerar a la tierra como una madre o como una
diosa-madre o, al menos, como la morada de esa diosa.
El
niño, incluso muy pequeño, sabe que fue engendrado por sus padres; así
que le parece lógico pensar que, igual que él, todos los seres humanos
junto con el marco natural en el que viven han sido creados por
personajes sobrehumanos no muy diferentes de sus padres: algún dios,
algún hombre o alguna mujer. El niño que, en casa, sabe que sus padres
velan por él y atienden sus necesidades, llega con total naturalidad a
creer que algo semejante a ellos, pero mucho más poderoso, más
inteligente y seguro –un ángel de la guarda- desempeñará la misma
función en el mundo…
Es
verdad que… ni las proyecciones infantiles ni la intervención de
protectores imaginarios (un ángel de la guarda, por ejemplo, que vigila
al niño mientras duerme cuando su madre está ausente) ofrecen una
verdadera seguridad; pero, mientras no sea posible obtener de uno mismo
una seguridad completa, los fantasmas y las proyecciones son, con mucho,
preferibles a la falta de seguridad. Precisamente es esta seguridad –en
parte imaginaria- la que le permite al niño, si éste la ha
experimentado durante suficiente tiempo, desarrollar ese sentimiento de
confianza en la vida que necesita para tener confianza en sí mismo;
confianza, ésta, indispensable para que aprenda a resolver con sus
propias capacidades racionales ya desarrolladas los problemas que le
planteará la vida. Al final, el niño reconoce que lo que él
consideraba como la verdad –la tierra madre- no es más que un símbolo…
Conocí
muchos casos en los que, en particular durante la última etapa de la
adolescencia, fue necesario recurrir a los años de creencia en lo
mágico para compensar el hecho de que el individuo hubiera sido privado
de ello prematuramente en su infancia, después de haber intentado
imponerle en vano la estricta realidad. Lo que sucede es que estos
jóvenes sienten que aún cuentan con una última oportunidad de compensar
una grave deficiencia en su experiencia de la vida, o que, a falta de
haber creído en lo mágico durante cierto período, serán incapaces de
enfrentarse a los rigores de la vida adulta. En nuestros días, muchos
jóvenes se lanzan de pronto a buscar la evasión en los sueños que les
procura la droga, reclaman ser iniciados por un gurú, creen en la
astrología, se entregan a la “magia negra” o, de otra manera, huyen de
la realidad refugiándose despiertos a sueños relativos a experiencias
mágicas que se supone mejorarán su vida; estos jóvenes, a menudo, se han
visto forzados prematuramente a conocer la realidad de modo adulto. El
hecho de que intenten escapar de la realidad por esas diferentes vías
arraiga hondamente en las experiencias formadoras precoces que les han
impedido convencerse personalmente de que la vida debe ser dominada de
manera realista…
Durante
mucho tiempo, esas explicaciones les procuraron a los hombres un
sentimiento de seguridad. Después, lentamente, por su propio progreso
social, científico y tecnológico, se liberaron del temor que
despertaba en ellos su propia existencia. Al sentirse más seguros en
el mundo, y también en su interior, podían empezar a preguntarse sobre
la validez de las imágenes que habían utilizado antes como
herramientas de exploración. A partir de entonces, las proyecciones
‘pueriles’ del hombre se disiparon y fueron sustituidas por
explicaciones más racionales. Sin embargo, este proceso no es
siempre tan estricto. En épocas de tensión y escasez, el hombre busca
de nuevo la seguridad y la calma refugiándose en la noción ‘pueril’
de que él mismo, y su lugar natural, están en el centro del universo.
viernes, 26 de julio de 2013
Papá hacía Lucia
Querida Lucia,
Recientemente, tu madre y yo estábamos buscando algo en Google. A la
mitad de escribir la pregunta, Google nos mostró una lista con las
búsquedas más populares en el mundo. La búsqueda más popular en la lista
era “Cómo mantenerlo interesado”.
Me sorprendió. Revisé varios artículos de la incontable cantidad que
aparecieron acerca de cómo ser sexy y sexual, cuándo llevarle una
cerveza en vez de un sándwich y las formas de hacerlo sentir más
inteligente y superior.
Me enfurecí.
Pequeña, esto no es, nunca ha sido y nunca será tu trabajo -“mantenerlo interesado”.
Pequeña, tu única tarea es saber muy dentro de tu alma –en ese lugar
inquebrantable que no se transforma por el rechazo, la pérdida o el ego-
que tú eres digna de interés. (Si puedes recordar que todos también son
dignos de interés, estarás por ganar la batalla de tu vida. Pero esa es
otra carta para otro día.)
Si puedes estar segura de que vales en este sentido, serás atractiva
en la manera más importante del mundo: atraerás a un chico que sea digno
de tu interés y que también querrá pasar su vida invirtiendo todo su
interés en ti.
Pequeña, quiero decirte algo acerca del hombre que no necesita que lo
mantengan interesado, porque él sabe que tú eres interesante:
No me importa que ponga los codos en la mesa –siempre y cuando él
ponga sus ojos en la manera en que tu nariz se frunce cuando sonríes. Y
que luego no puede dejar de ver.
No me importa si no puede jugar golf conmigo –siempre y cuando él
pueda jugar con los hijos que le des y disfrute todas las formas
gloriosas y frustrantes en las que se parecen tanto a ti.
No me importa que no persiga el dinero –siempre y cuando él persiga su corazón y siempre lo lleve de vuelta a ti.
No me importa si es fuerte –siempre y cuando él te de espacio para ejercitar la fuerza que hay en tu corazón.
No me podría importar menos si vota –siempre y cuando se levante cada
mañana y te elija un lugar de honor en tu casa y un lugar para
venerarte en su corazón.
No me importa el color de su piel –siempre y cuando el pinte el
lienzo de sus vidas con pinceladas de paciencia, sacrificio,
vulnerabilidad y ternura.
No me importa si fue educado en esta religión o en otra o en ninguna
–siempre y cuando haya sido educado para valorar lo sagrado y para saber
que cada momento de la vida y cada momento que pase contigo es algo
profundamente sagrado.
Al final pequeña, si te topas con un hombre como ese y parece que él y
yo no tenemos nada en común, en realidad tendremos en común lo más
importante:
Tú.
Porque al final, pequeña, la única cosa que debes hacer para “mantenerlo interesado” es ser tú misma.
Porque al final, pequeña, la única cosa que debes hacer para “mantenerlo interesado” es ser tú misma.
Tu hombre eternamente interesado
Papá.
jueves, 13 de junio de 2013
Viajando por mi vida
Un constante viaje que me impidió hacer raíces. El primer viaje empezó a los 7 años en una escuela donde presuntamente había ido a cumplir el sueño de ser gimnasta como Nadia Comaneci en una ciudad extraña con nuevos compañeros y donde sólo mi padre me visitaba una vez al mes. El régimen era estricto y corrupto en un país donde aún sigue esa corrupción que tanto detesto. Tenía 7 años y al poco tiempo enferme de tal manera que decidieron llevarme a casa. El segundo viaje a los 8 años, una escuela de mi barrio donde la maestra me cogió tanto cariño que hasta hoy me llama mi pequeña gimnasta pero también iba a durar poco. A los 11 años tuve que hacer otro viaje aunque cortito dentro de la misma escuela pero otra clase, es decir otros compañeros. Había vuelto a los deportes. Esta vez fue el basket por el medio de cual tuve la oportunidad de conocer sitios nuevos, trabajar en equipo y sentir el gusto de la competición. Sin embargo lo bonito ya sabemos que dura poco. Era el ruido del siguiente viaje que tocaba mi puerta. El año en el que ya podemos hacer el carné de identidad (14 años). Era el colegio del centro de la ciudad, donde los nuevos compañeros eran de familías buenas y donde otra vez la corrupción empezó a enseñar sus colmillos. Aún así sobrevivi estudiando y con la gratitud de haberlo conseguido honestamente. Después de un examen que aprobé a los 16 años iba a embarcarme en otro viaje quizá el que le hubiera gustado a mi madre: la contabilidad (economía). Pero los viajes de escuelas pararon aquí. El motivo? Desde ya años el clima era horroroso en casa: los conflictos entre mi madre y mi padre se hacían insoportables. Mi hermano llego a sufrirlo cierto tiempo hasta que se independizo y se fue a vivir con la novia. Me había quedado sola entre dos personas que me volvía loca. Que no me dejaba disfrutar de mi vida. Mi padre al final se fue de casa y creo que eso es lo que más repercuto mi vida. La falta de cariño y armonía familiar me hizo empezar a buscarlo en la calle. Y conocí una persona que a su lado me sentía protegida, amada y representaba mi evasión de esa cárcel en que vivía. Se dio la oportunidad del sueño occidental donde sabemos que todos van en busca de la realización material. Me fui sin pensarlo ni un minuto quizá por salir de ese clima que tanto me atormentaba. Empecé de cero en un país extraño, sin amigos pero con una persona que llego a ser para mi todo, madre, padre, hermano y pareja. Hice el paso de la infancia a la vida adulta. Buscaba lo que realmente no había tenido en mi hogar, el cariño y el calor de una familia. Pero me salte un paso que ahora pienso que era el más importante: la adolescencia. ¿Pero quien tiene la culpa de haberme perdido esa etapa? ¿yo por elegir o mis padres por no saber hacer las cosas bien? Es difícil juzgar y una extraña sensación hacía mis padres, hacía mi país, un mal sabor de boca.
Hay un hecho curioso: me acuerdo más de los años que practique el basket que los dos años siguientes de colegio. Fue quizás mi mejor época. Al ver el otro día al superheroe jugando al basket, reviví todos mis momentos y tal fue el impacto que ayer yendo a Decathlon lo primero que hice fue tocar un balón de basket. Hacía tanto tiempo.....
Desde abril empecé a tener otra perspectiva de mi vida que ya lo comente que es gracias a esa mezcla rara entre Nietzsche y los "Días contra la rutina". Me di cuenta que tengo que pasar de los sueños materiales que en parte ya los tengo cumplidos a los ideales. Y que mejor impulso que esa persona desconocida con tantas ganas de vivir que sin saberlo te apoya y despierta en ti lo más bonito y profundo. Llegas a ver el modo de vivir de verdad en el que cada uno hace lo que más le apetece donde hay libertad y no críticas. Donde la felicidad depende de ti mismo y no del otro. Quizá volver a estudiar fue una manera de reanudar mi vida.
viernes, 31 de mayo de 2013
Infancia
En la infancia todo era sencillo, claro
y bonito. Sabías que tienes que ir al cole, que tienes que hacer
ciertas cosas y obtenías resultados. Hacías A y obtenías B.
En el presente, haces A y las cosas se
vuelven caóticas. Llegas a preguntarte si los A hay que hacerlos, en
cuanto tiempo y de que manera. El caos aumenta. De repente añoras la
infancia, donde hacías A y obtenías B.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Generación X

Somos una generación especial y nos denominaron la generación X y como no si nuestra infancia estuvo llena de cambios. Somos la última generación que jugaba en la calle y en los recreos del colegio a las bolitas, a el escondite, somos la primera generación que jugó con videojuegos, fuimos a parques de atracciones y vimos caricaturas a color. Fuimos los últimos en grabar canciones de la radio en casettes (como olvidarlo si mientras se grababa en algunos casos no podíamos ni hablar) y vimos películas en versión Beta y VHS PERO orgullosos pioneros del personal stereo y los CD’s. Cuantos no tuvimos que tragarnos, Salvado por la Campana (con todo y Screech), Beverly Hills 90210. Nosotros vimos la caída de torres gemelas y también vimos caer el muro de Berlín.
Aprendimos a utilizar los ordenadores antes que nuestros padres y abuelos, y sobre todo antes de todos esos niños cerebritos de hoy en día y nunca vimos a los que no sabían usar los ordenadores como una especie de “retardados” como sucede hoy. Jugamos con el Double Dragon, Strett Fighter, empezamos el Mortal Kombat, el tetris, el Mario Bross, nos pegabamos a la tele a mirar Hugo y como otros jugaban desde sus casas usando el telefono de red fija!! vimos los anuncios de los primeros celulares (que parecían ladrillos) y creímos que Internet sería un mundo libre. Somos la Generación de Xuxa, Robotech, Gi Joe, Los Halcones Galácticos, los ThunderCats, los Transformers, He-Man y las Tortugas Ninja, Del Correcaminos, Los Supercampeones, Espartaco, Mazinger, de los Pitufos, La Pantera Rosa, Los Picapiedras, El pájaro loco, Candi Candi, Remi y Marco. Los que crecieron escuchando a Madonna, Michael Jackson y Guns N’Roses, New Kids on the block, Por supuesto en ver y vivir los primeros VIDEOS MUSICALES , Los Locomía y sus abanicos. La última generación de las botellas de litro de Coca-Cola familiar cuando un litro alcanzaba para toda la familia!! y los últimos en ser mandados a comprar en la bolsa de cuadritos.
Este correo está dedicado a las personas que nacieron entre 1970 y 1987. La verdad es que no sé cómo hemos sobrevivido!!!! Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos: viajábamos en autos sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta o patines sin casco, ni protectores para rodillas y codos. Los columpios eran de metal y resbaladilla y con esquinas en punta oxidada .
No había celulares!!!!. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila o bolsón que rara vez tenía refuerzo para los hombros y mucho menos, ruedas!! Cuantos no recogimos del suelo nuestros útiles al romperse la mochila! Y el que tenia un pantalon marca Wrangler. No tuvimos PlayStation, no había 99 canales de televisión, pantallas planas, sonido surround, mp3s, ipods, computadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos globos con agua, o jugando con los playmobil. Y nunca escuchamos sobre el calentamiento global. No era necesario tener fotoblog, Hi5 o MySpace, Facebook, twitter, para saber si existíamos, bastaba con hacer bien fuerte la “silvada” del grupo o gritar fuera de la casa, en plena calle, para que toda la cuadra saliera de sus casas. Éramos el zanahoria, la china, la flaca, la pecosa, el negro, el chato o cosas asi, pero todos pertenecíamos al mismo grupo y por el apodo sabiamos de inmediato quien era. Éramos responsables de nuestras acciones y acarreábamos con las consecuencias, no había nadie para resolver eso. Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.
¡FELICIDADES! Sobrevivimos a un mega cambio, ahora si tienes hijos, piensa por que no lo dejas hacer esas cosas si lo pasaste tan bien?
Pasa esto a otros que tuvieron la suerte de crecer como niños, recordemos lo bueno de la vida. Lo fácil que es ser felices, la grandeza de lo sencillo. No necesitamos todas esas etiquetas, todas esas superficialidades, cosas, moviles, ropa… recordemos cómo ser niños, pero sobre todo, cómo ser libres!!
Fuente: Facebook
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