“Toda
certeza oprime” Fernando Pessoa
“Evidentemente,
toda vida es un proceso de demolición” escribió F. S.
Fritzgerald,
Weil
lo supo y lo padeció. Se sometió a si misma a ser un experimento
del alma. Fue la “virgen roja” de los editores de Liberation
, el “azul del cielo” que asombraba a Bataille, la “Severina”
de Silone , la licenciada de la École Normale que entra a trabajar
como obrera en la Renault para "pensar con las manos", la
que decide alimentarse con las mismas raciones de los prisioneros de
los campos de concentración nazis.
Padeció
el corazón de su pensamiento, su mística: que el alma en cuanto se
aferra a la “gravedad”, el deseo de apropiarnos de las cosas,
queda sujeta a la erosión: “Mientras el hombre soporta tener
el alma llena de sus propios pensamientos, de sus ideas personales,
está enteramente sometido hasta en sus más íntimos pensamientosa
la coerción de las necesidades y al juego mecánico de la fuerza”.
Para
Weil apropiarnos del mundo es alejarnos de lo real, ya que solo
podemos abrazar sus representaciones, su forma egoísta, finita y
falaz.
Pero
la apuesta de Weil es la apuesta por el infinito.
Sabiendo
que la ciencia como se presenta, pretenciosa y glorificada, debe
abrir nuevos espacios; Weil desarrollo lo que podríamos denominar “
física sobrenatural”:
“Todos
los movimientos naturales del alma se rigen por leyes análogas a las
de la gravedad física. La única excepción la constituye la
gracia”. El desarrollo análogo de los principios de la
mecánica física, en el terreno inmaterial del espíritu, y con el
proyecto de buscar trascender esta “gravedad”, un camino que
“trata de encontrar en el ámbito de las relaciones entre el
hombre y lo sobrenatural una precisión que sea más que matemática;
algo que sea más preciso que la ciencia”.
Si
para Wittgenstein los límites del lenguaje son los límites del
mundo, para Weil los limites del alma, en su ascenso hacia la
gracia, es el lenguaje.
El
deseo de apropiarnos del mundo nos aleja de la posibilidad de
elevarnos, y la forma en que nos apropiamos del mundo, y del otro;
que es aun peor; es mediante las palabras. “Las palabras que
tienen un contenido y un sentido, no matan. Pero cuando se conceden
mayúsculas a palabras vacías de significación, por poco que las
circunstancias empujen a ello, los hombres derramarían ríos de
sangre, amontonarían ruinas sobre ruinas repitiendo esas palabras,
sin poder obtener nunca efectivamente qué les corresponde. Nada real
puede corresponderles jamás, porque no quieren decir nada.”
El
silencio fue también elemento central en su camino de la gravedad a
la gracia. Desafío no menor ya que implica construir una nueva forma
de conocer y “concebir el mundo, a los hombres y a nosotros
mismos. Ahora bien, una determinada manera de concebir implica una
determinada manera de sentir y una determinada manera de actuar... y
eso en todo momento, en todas las circunstancias de la vida, tanto en
las más vulgares como en las más dramáticas”.
El
silencio y la extinción serán la opción contra la falsa promesa de
la palabra, “justicia, verdad y belleza son palabras hermosas.
Pero su alianza nunca se cumple. Nunca completamente. Siempre
mediante un sacrificio.” Siempre mediante un sacrificio,
cordero pascual. La obra de Weil se cierra en la propuesta hacia el
ultimo paso al silencio: “Nada poseemos en el mundo – por que
el azar puede quitárnoslo todo-, salvo el poder de decir Yo. Eso es
lo que hay que entregar a Dios, o sea destruir”.
Después:
la gracia. The rest is silence...
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